
De cine, estudiantes y un fantasma
Aquella facultad de radio, cine y televisión de finales de los años 80 era la más joven de las facultades del Instituto Superior de Arte. Fundada en 1988, esta escuela nunca estuvo en el campus de Cubanacán junto al resto de las dependencias del ISA y de la ENA (Escuela Nacional de Arte), las que todavía hoy comparten el área del otrora Havana Country Club, en las márgenes del río Quibú.
La facultad inicialmente ocupó algunos salones del centro de superación del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) en la 5ta avenida y calle 22, en el Reparto Miramar. Poco tiempo después fue trasladada a una mansión ubicada en la esquina de 5ta avenida y calle 20, también en Miramar, casualmente al lado de la casa del poeta Pablo Armando Fernández, egregio vecino de la facultad, con la que mantuvo muy buenas relaciones. Durante más de diez años todos llamábamos esa casa de estudios simplemente 5ta y 20, y en ocasiones, radio-cine, pero no Facultad de radio, cine y televisión.
La mansión de 5ta y 20, como toda antigua residencia, tenía un fantasma. Según se decía, el propietario del inmueble, un señor de avanzada edad, un fatídico día perdió el equilibrio bajando – ¿o subiendo? – las escaleras que llevan a la segunda planta del inmueble y rodó escaleras abajo falleciendo en el acto. La casa quedó sin dueño ni herederos que la reclamaran por default, pasó a manos del estado cubano. Una vez asentada la facultad en su nueva sede, aparecieron rumores sobre extraños ruidos que se escuchaban en el interior de la casa, ruidos aparentemente sin fuentes de origen visible…típicos poltergeists. Se decía que tales ruidos ocurrían solo después de terminadas las actividades docentes al final de la tarde. Por esa razón, Martica Fernández, la secretaria de la facultad, nunca permanecía en el recinto después de las 6 de la tarde y bromeábamos y nos reíamos de su temor a toparse con el alma en pena del difunto dueño en los salones de aquella casona.
El fundador de la facultad fue el director de televisión Jesús “Chucho” Cabrera, también fundador de la televisión cubana, una auténtica fuerza de la naturaleza en sí mismo. Aunque oficialmente subordinada al ISA, la facultad era prácticamente el feudo privado de Chucho, quien gozaba de mucho prestigio y autoridad en el mundo del audiovisual y más allá. Chuco convocó a reconocidos artistas y especialistas de los medios a que se sumaran al proyecto. Aquel primer claustro contó con personalidades como José Massip, Octavio Cortázar, Rogelio París, Miguel Torres, Jorge Fuentes, Eliseo Altunaga, José Estol, Enrique Colina, Juana García Abás, Caridad Martínez, Orieta Cordeiro, Oscar Luis López, Humberto Hernández, Belkis Vega, Julio Cid Borges y otros artistas. Además de estas celebridades del audiovisual, también estaban destacados profesores de diversas ramas de las humanidades como Magaly Espinosa, Suárez Tajonera, Rolando Vilasuso, Gustavo Pita, Esther Ma. Hernández y Daimé Bosch entre otros. Este claustro permaneció bastante estable durante los primeros doce años de trabajo, aunque lógicamente hubo incorporaciones de nuevos profesores y artistas en el trayecto.
De 1988 hasta 2001, la facultad solo comprendía la modalidad de cursos para trabajadores o cursos por encuentros, y contaba con las especialidades de dirección, fotografía, producción, sonido y edición. Se aspiraba a calificar y recalificar a todos los artistas y especialistas empíricos que laboraban en el cine, la radio y la televisión cubanas. Los cursos se desarrollaban por encuentros durante dos días (mañana y tarde) cada dos semanas. Esta modalidad de estudios se apoyaba en el conocimiento práctico que los estudiantes ya traían de su hacer en los medios. Los cursos por encuentros también implicaban un acuerdo entre las instituciones y centros laborales de los futuros estudiantes por una parte y la facultad por la otra. Los centros laborales (no había freelancers en esos años) se comprometían a liberar de sus jornadas cotidianas a sus trabajadores/estudiantes los jueves y viernes cada dos semanas, con el “juramento” de respetar ese acuerdo…lo que no siempre sucedía. Por otra parte, los estudiantes de cursos por encuentros debían recibir el programa de cada asignatura y las respectivas guías de estudio para desarrollar sus estudios de manera casi autodidacta, con apoyo de literatura y materiales audiovisuales. La tecnológica y las fuentes bibliográficas de la facultad en aquel período eran casi nulas. Chucho Cabrera luchó por tener al menos un estudio de radio en la facultad, pero forzosamente había que recurrir al inconstante apoyo de las instituciones audiovisuales del país para las actividades prácticas de las especialidades del audiovisual.
A pesar de todo, la calidad del claustro de artistas/profesores lograba mágicos resultados en los estudiantes. Las disciplinas teóricas eran del más alto nivel, comparables a sus iguales de la Universidad de La Habana. También es justo reconocer que el bagaje cultural y el nivel de creatividad de aquellos estudiantes escogidos cada año entre muchos candidatos, era admirable. Por entonces muchos jóvenes leían literatura, veían los clásicos del cine y debatían entre ellos. Los de hoy también… excepto eso de ver los clásicos del cine, interactuar en vivo y aquello otro de leer libros…
Un fenómeno interesante de 5ta y 20 en aquel tiempo fue lo que yo llamo el “profesor gurú”. Este era mucho más que el profesor de una asignatura, porque se convertía casi naturalmente en un guía espiritual, respetado y venerado por sus estudiantes, como en los tiempos de Sócrates, Aristóteles, o Mendive. Casos notables fueron Gustavo Pita Céspedes, José Massip, Juana García Abás, Eliseo Altunaga, Esther Ma. Hernández, Belkis Vega y Orieta Cordeiro.
Un ejemplo del arrastre espiritual de aquellos profesores-gurú ocurrió en1995, cuando bajo la inspiración cuasi mística del profesor Gustavo Pita, la facultad organizó el primer encuentro de realidad virtual…sin realidad virtual. No obstante, el gap tecnológico del momento, al llamado de Pita acudieron especialistas de la Facultad de Matemática de la UH y su grupo de IA, del ISPJAE, del ISCM Victoria de Girón, del MES, de las FAR, del MININT y el ISA casi en pleno. El evento fue un éxito y se repitió anualmente hasta 2001, pero luego perdió impulso tras la partida de Pita a otras tierras.
La facultad no estuvo exenta de polémicas. Una de ellas fue la exclusión de las mujeres en la especialidad de fotografía. Entones se argumentaba, especialmente por el decano Chucho Cabrera, que las cámaras de cine y de televisión eran muy grandes y pesadas para el “sexo débil”. Algunos profesores menos conservadores y las estudiantes aducían que para la labor de dirección de fotografía no se necesitaba cargar ni operar una cámara, pues para eso estaba el camarógrafo. A finales del siglo XX, se graduó por fin en la facultad de radio, cine y televisión, la primera joven directora de fotografía en Cuba. Por cierto, era una muchacha bien delgadita y delicada, y excelente fotógrafa, además.
Otro tema de debate en esos años fue la delimitación de los campos de acción de la Facultad de radio, cine y televisión y de la Facultad de periodismo de la Universidad de La Habana, por entonces en transformación para reconvertirse en facultad de comunicación social. El asunto se dirimió – o eso creímos – en una reunión en 5ta y 20. Allí acudieron profesores y directivos de ambas facultades además de especialistas de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales y otros expertos y personalidades invitadas del gremio audiovisual. En esa asamblea quedó acordado que la formación estético-artística, sería de la incumbencia exclusiva de la Facultad de radio, cine y televisión, que no de la Facultad de Comunicación. Aún hoy este sigue siendo un tema de discusión por parte del gremio en general, al cual se suma el Centro de estudios del ICRT, instancia que también capacita personal técnico-artístico para la radio y la televisión.

Un área fundamental objeto de polémicas fue el de la creación estudiantil, donde algunos trabajos de curso (realizaciones audiovisuales de culminación de estudios) suscitaron en su momento discusiones y hasta censura en algunos casos. Paradójicamente, algunos de aquellos trabajos tan discutidos y hasta censurados por la dirección de la facultad, hoy pasarían como totalmente normales y admisibles. El tema de la libertad de creación y su relación con la política y con las normas sociales, morales y religiosas nunca deja de ser de actualidad, pues cada contexto crea y reinventa sus propios límites y normas. También en el presente hay tensiones y debates sobre esos tópicos en la FAMCA, y seguramente seguirán existiendo en el futuro, pues ello es esencia del arte. Debe recordarse que el audiovisual, y especialmente el cine en Cuba, ha sido espacio y motivo de importantísimas polémicas socio-políticas a través de la historia de la Revolución Cubana, y el presente no es excepción.
La facultad de radio, cine y televisión desde sus inicios tuvo dos instituciones filiales en el país: la de Camagüey y la de Holguín. Ambas estaban vinculadas a sus respectivas televisoras regionales, TV Camagüey y Tele Cristal. En ellas también hubo destacados docentes, tanto en el área de la realización audiovisual, como en el ámbito de los estudios teóricos. Hoy se recuerda con admiración y respeto a Hugo Edelqui Cruz, quien fuera director de la Filial en Tele Cristal; y a profesores como José Rojas Bez y Mario Nieves, entre otros.
En 2002, la Facultad de cine, radio y televisión pasó a denominarse oficialmente Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual. Con el acrónimo FAMCA, la facultad inauguró sus cursos regulares diurnos a la vez que mantuvo los tradicionales cursos por encuentros. También se mudó de sede. Se efectuó un intercambio de sedes y la FAMCA se adjudicó las instalaciones de calle 14 entre 1era y 3era en Miramar que previamente habían sido asignadas al Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, y esta se quedó con el fantasma de la casona de 5ta y 20.
Desde entonces, la FAMCA ha tenido altas y bajas; unas veces debido al incremento de la matricula y las carencias de tecnología y profesores, otras al pobre desempeño de sucesivos decanatos, otras a las siempre tensas circunstancias socio-políticas y económicas de la nación y la mayoría de las veces a la combinación de todos esos factores.

Durante el período de la Dra. Marta Díaz como decana se rediseñó la formación de posgrado y se desarrollaron doctorados y maestrías, entre ellas la primera maestría internacional online de la FAMCA – y del ISA – en coautoría con la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, para estudiantes cubanos y extranjeros y con un claustro de especialistas de varios países. Marta también logró estrechar relaciones con otras instituciones afines como la mencionada Fundación del Nuevo Cine, y con la EICTV y con la Casa del Festival.
La facultad finalmente pudo tener su propio estudio de radio y televisión y también algo de tecnología para el trabajo de creación de los estudiantes, aunque la tecnología continúa siendo un reto en el trabajo artístico-académico de la FAMCA. Tal vez debido a esa última causa, se aprecia una cierta tendencia de los estudiantes de la FAMCA, graduados o no, a también matricular cursos en la EICTV, lo cual ha sido sin dudas un buen complemento para ellos.
Merece, por último – en esta rara mezcla de nostalgia con reporte a instancias superiores – mencionar a antiguos estudiantes de la FAMCA, hoy célebres profesionales en el ámbito nacional e internacional, incluso muchos de ellos profesores de su alma mater:
Tomás Piard, Rudy Mora, Orlando Cruzata, Ernesto Fundora, Lester Hamlet, Luis Najmias, Carlos Figueroa, Ian Padrón, Esteban Insausti, Inti Herrera, Humberto Padrón, Marilyn Solaya, Elena Palacios, Alberto Luberta, Juan Carlos Travieso, Alan González, Heiking Hernández, Jorge Molina, Armando Capó, Claudia Calviño, Carlos Lechuga, Carla Valdés León, Roly Peña, Daniela Muñoz Barroso, Ermitis Blanco, Carlos Machado Quintela, Alejandro Ramírez Anderson, Jonal Cosculluela…
Hoy, la FAMCA continúa su marcha contra viento y marea. En sus aulas se sienta el cine de mañana y los profesores nos esforzamos por estar a la altura de ellos.
Mario Masvidal Saavedra, PhD, Profesor titular de la Universidad de las Artes (ISA), Cuba.
