
La paradoja de inviernos más fríos por el cambio climático y viviendas pensadas para un “eterno verano”
Dariel recuerda los primeros días de febrero como una seguidilla de madrugadas increíblemente frías, en las que su trabajo como dependiente nocturno de un merendero se convirtió poco menos que en una tortura.
“No renuncié porque de verdad me hace falta el dinero… “, lo escuché confesar en la cola de una mipyme de la ciudad de Camagüey, donde ambos vivimos. Cuando poco después lo abordé en busca de detalles, me dijo que un frío como el de aquellas noches solo lo había sentido años antes mientras vivía en Aguada de Pasajeros, un municipio de la provincia de Cienfuegos famoso por sus bajas temperaturas. Allí aprendió que las horas más frías no son las de la madrugada sino las del amanecer, cuando la humedad del sereno puede hacer caer la sensación térmica hasta límites casi insoportables
Fue durante el amanecer del 2 de febrero cuando Dariel pensó seriamente en buscarse otro empleo. A los registros, esa madrugada pasó como una de las más gélidas en la historia de Camagüey, con una temperatura mínima de 8,2 grados Celsius (°C) y una sensación térmica que rondaba los 6 °C. En las inmediaciones del hospital Amalia Simoni, al noreste de la ciudad, donde trabaja Dariel, el viento “quemaba” al bajar por la ancha avenida Finlay. Él, a duras penas consiguió soportarlo a pesar de que vestía dos abrigos, dos pantalones, bufanda, guantes y gorro, y de que se encontraba bajo techo. “No quiero ni imaginarme cómo la pasarían los deambulantes”, apuntó.
¿Un futuro bajo cero?
El 3 de febrero, Cuba rompió su récord de bajas temperaturas. Fue en el poblado matancero de Indio Hatuey, donde los termómetros marcaron 0 °C (32 °F). La anterior cota, de 0,6 °C, se remontaba a 1996 y había sido establecida en Bainoa, en el territorio de la actual provincia de Mayabaque.
Al comienzo de febrero decenas de estaciones meteorológicas –entre ellas varias de Oriente– informaron registros por debajo de los 10 °C. Ya el 29 de enero, en un post en Facebook, el meteorólogo Ariel Maturell Salina había alertado sobre los peligros que implicaba esa situación, poco común pero no extraña para Cuba. Cada cierta cantidad de años la Isla enfrenta un invierno durante el cual los termómetros “caen” por debajo de los 10 grados en buena parte de su geografía. Así sucedió en 2022, 2010, 1996, 1981 y 1977, recordó. “El problema es que esas temperaturas son un peligro para la salud”.
“Existe un riesgo máximo de hipotermia por debajo de los 5 °C, y un riesgo entre moderado y alto por debajo de los 10 °C. Son procesos que pueden presentarse con menos de tres horas de exposición. Un detalle poco tenido en cuenta es que en nuestro país las casas no están preparadas para el frío y no ofrecen suficiente protección: por lo regular la temperatura en su interior es solo 2-3 °C más cálida que en el exterior”.
El futuro meteorológico que los especialistas pronostican para Cuba conjuga veranos cada vez más tórridos con la disminución de las precipitaciones y otros efectos negativos del cambio climático. Entre estos sobresalen inviernos atípicos, que alternarán días de calor intenso con otros de muy bajas temperaturas. Así se describió en un programa Observatorio Científico transmitido a finales de febrero por la televisión cubana.
Tan dramáticos cambios serán consecuencia del debilitamiento de los vórtices polares, dos extensas zonas de bajas presiones que rodean los polos y contienen allí el aire frío. Cuba se ve directamente afectada por “las rupturas del Vórtice Polar Ártico, que permiten desprendimientos de masas de aire frío que llegan hasta las latitudes medias e incluso a nuestro país”, explicó el meteorólogo e investigador Luis Lecha Estela. “Es un hecho que ya está produciendo inestabilidad en el comportamiento de los inviernos, y que según todo indica se mantendrá en los próximos años. Vamos a ir hacia un período en el que los inviernos serán más inestables”.
Sin embargo, resulta virtualmente imposible que los termómetros caigan muy por debajo de cero grados y que ocurra una nevada, aclaró el programa de divulgación científica. La latitud tropical en que se ubica Cuba y las altas temperaturas del mar que la rodea hacen que el aire del continente se caliente antes de llegar a la Isla. Además, las mínimas suelen registrarse hacia el final de las madrugadas con cielo despejado, lo que aleja la posibilidad de precipitaciones que potencialmente se podrían convertir en nieve.
Ingenio frente al clima
No hace falta que sea invierno para que el techo metálico de Michel Urquiza los obligue a él y a su familia a utilizar frazadas y a dormir con ropa de abrigo.
Durante el día las tejas de acero galvanizado pueden calentarse hasta el punto de quemar al contacto, pero apenas cae la noche la tendencia térmica se revierte, alcanzando extremos casi polares en las fechas en que algún frente frío atraviesa la ciudad de Camagüey. Vivir en esas condiciones no es cosa de juegos, comenta Michel, quien asegura que hasta las ventanas metálicas contribuyen a la frialdad de su vivienda.
Por eso, cuando su empleo como conductor de un triciclo eléctrico le permitió comenzar a ahorrar algunos miles de pesos por mes, decidió que su proyecto prioritario sería aislar con falsos techos al menos los cuartos. “Todos los años mis hijos se pasan con alergia hasta marzo o abril, por culpa del frío. Algunas noches es tan intenso que condensa el sereno y nos ‘llovizna’ como si tuviéramos goteras”.
Con falso techo “no hay frío ni calor que pasen”, anticipó. Esa solución se la mostró uno de sus clientes habituales, quien la utilizó para aislar su cuarto y climatizarlo con un split. También podría ser una solución para otras miles de familias que en todo el país viven en casas de cubierta metálica. En muchas de ellas niños pequeños, ancianos y personas con enfermedades respiratorias sufren cuando se hacen sentir las bajas temperaturas.
El porcentaje de casas techadas con esa tipología constructiva no ha parado de crecer en los últimos años, a tenor con la crisis económica que ha hecho cada vez más costosas las cubiertas de hormigón, como placas y losas de prefabricado. Los techos metálicos fueron el material más distribuido a los damnificados de los huracanes y el sismo que en los últimos dos años afectaron la región oriental. Incluso las casas de contenedores, que tanto revuelo mediático causaron semanas atrás, contemplan en su proyecto un techo a dos aguas con tejas galvanizadas.
Hasta ahora, las mejoras en cuanto a ese tipo de techos se han concentrado en brindarles mayor resistencia ante fenómenos como los fuertes vientos, mientras se relegan aspectos como su capacidad de aislamiento. “Ya bastante grande es el sacrificio que uno hace para comprar las tejas y demás. Muy poca gente se mete a instalar falso techo; solo la que tiene mucho dinero o la que está ‘obstinada’, como yo. Los precios de ese mundo son una locura total. El metro cuadrado sale casi tan caro como el de placa. Los que se dedican a montarlo se justifican con que todos los materiales son de afuera y cuesta muy caro traerlos. Vaya usted a saber si dicen verdad”, reflexionó Michel.
A pocos kilómetros de distancia, Dariel asegura que no volverán a sorprenderlo madrugadas como las de comienzos de febrero. “Convencí al dueño para cerrar con tejas una parte del merendero que hasta ahora solo tenía malla pirle, y conseguí un abrigo militar de doble forro. Los trabajadores de los otros negocios de esa zona, que llevan años, me dijeron que hasta en los meses de verano el sereno puede hacer que el frío se sienta ‘bravo’, y a mí ese ‘perro no volverá a morderme'”, comentó.
Para sus preparativos dijo haberse guiado por un vecino de Aguada de Pasajeros que en otros tiempos trabajaba de noche en el “Conejito de Aguada”, un conocido complejo para viajeros ubicado junto a la Autopista Nacional. “‘Lo de que Cuba es un eterno verano es una verdad a medias”, decía cada mañana que me lo topaba regresando de sus turnos, abrigado hasta en pleno agosto. “Anoche tuvimos cinco, seis grados…”, me revelaba para que me hiciera una idea de cuánto había ‘chiflado el mono’. Si algo me han enseñado las madrugadas de estos meses es que él tenía razón: sin importar cuánto calor pueda hacer durante el día, la madrugada es otra cosa. “Ahí el que no se cuide, se congela”.

