
Cuba lucha por sobrevivir y vuelve la mirada hacia el sol
China se ha convertido en un importante proveedor de paneles solares, lo que ha ayudado a Cuba a ampliar su capacidad de generación de energía renovable.
Cuba enfrenta una crisis energética que amenaza con agravar el sufrimiento de su pueblo. La escasez de combustible paraliza el transporte, interrumpe el suministro eléctrico y contribuye a la falta de medicamentos y otros productos esenciales, mientras la isla lucha por mantener su economía en funcionamiento.
Las crecientes restricciones impuestas por la administración de Trump al suministro de petróleo han agravado una situación ya difícil. Tras cortar los envíos de petróleo venezolano y amenazar con imponer aranceles a los países que suministren combustible a Cuba, Washington ha apretado aún más las tuercas a una isla que lleva más de seis décadas soportando un embargo económico estadounidense.
Pero Cuba no se ha resignado a permanecer a oscuras. Está mirando hacia el sol.
En una entrevista con Reuters, el ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, afirmó que el país busca alternativas aprovechando sus propios recursos, entre ellos la energía solar, la eólica y el petróleo y el gas natural de producción nacional. Según informó, Cuba había instalado 144 parques solares con una capacidad conjunta de aproximadamente 1.418 megavatios. (La demanda de electricidad de Cuba durante las horas pico es de unos 3.300 megavatios.)
Mientras tanto, China se ha convertido en un importante proveedor de paneles solares, lo que ha ayudado a Cuba a ampliar su capacidad de generación de energía renovable, incluso cuando el acceso a los combustibles convencionales sigue siendo severamente limitado.
El desafío es enorme. La red eléctrica cubana, envejecida, sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, y las energías renovables todavía representan una pequeña proporción del consumo energético total del país. Los parques solares no pueden resolver la crisis de la noche a la mañana, especialmente cuando Cuba carece de los recursos necesarios para modernizar su sistema eléctrico en su totalidad.
The Associated Press y Reuters han informado sobre las crecientes presiones que afectan al suministro energético de Cuba y sus consecuencias para los ciudadanos de a pie. La crisis va mucho más allá de la geopolítica: implica apagones prolongados, dificultades para cocinar, interrupciones en el transporte y mayores penurias para familias que ya luchan por salir adelante.
De la O Levy reconoció las dificultades en declaraciones a Reuters: “Estamos sobreviviendo y avanzando, poco a poco, aunque no al ritmo que quisiéramos”.
Eso dista mucho de ser una declaración de victoria. Es un reconocimiento de lo difícil que se ha vuelto sobrevivir.
Sin duda, la isla enfrenta graves problemas económicos, y su sistema político merece ser examinado críticamente. Pero castigar a un gobierno e imponer sufrimientos adicionales a toda una población no son lo mismo.
Cuando se restringe el suministro de energía, las consecuencias no recaen principalmente sobre los dirigentes políticos. Las sufren los pacientes que necesitan atención médica, las familias que no pueden mantener los alimentos refrigerados, los trabajadores que no logran llegar a sus empleos y los ancianos que pasan horas sin electricidad.
La pregunta que Washington debería responder es sencilla: ¿cuál es el objetivo final de una política que vuelve la vida cotidiana de millones de cubanos aún más precaria?
Si el objetivo es lograr una Cuba más próspera, estable y libre, profundizar la crisis energética podría resultar contraproducente. Una población que lucha por conseguir alimentos, medicamentos y electricidad no está necesariamente más cerca de la democracia.
Por ahora, los cubanos intentan seguir adelante en circunstancias extraordinariamente difíciles. Sin duda, el gobierno cubano es responsable de muchas de sus decisiones, pero Estados Unidos también debe asumir las consecuencias humanitarias de sus propias políticas.
El pueblo cubano no debería tener que elegir entre soportar un sistema energético en crisis y quedar atrapado en una pugna económica entre gobiernos. Merece electricidad, medicamentos, alimentos y la oportunidad de decidir su propio futuro.
Y si el sol puede ayudar a iluminar sus hogares, quizás Washington debería preguntarse si su política contribuye a resolver los problemas de Cuba o, por el contrario, los empeora.
