Florida resistió el rechazo a Trump, pero Miami envió un mensaje diferente

Aunque Nixon no ganó su contienda por el Senado, quizás logró algo que va más allá del resultado de una sola elección.

La paliza que recibieron los republicanos en las elecciones del pasado martes fue inesperada. Se pronosticaba una derrota republicana en la Cámara de Representantes, y las encuestas indicaban que el Senado estaba en juego. Sin embargo, la ola azul que los demócratas deseaban se convirtió en un tsunami que transformó un mapa abrumadoramente rojo el lunes en un manto azul para el miércoles, cubriendo estados como Iowa, Kansas, Carolina del Sur, Texas, Misisipi y muchos otros.

Los demócratas conquistaron el control de ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos: la Cámara de Representantes y el Senado. El partido logró avances en zonas que durante mucho tiempo se consideraron bastiones republicanos, demostrando que el descontento con la administración no se limitaba a los tradicionales feudos demócratas. La insatisfacción de los votantes iba más allá de las diferencias partidistas. La inflación, el aumento del costo de la vida, la inseguridad económica, las políticas de control migratorio, la guerra con Irán y la creciente preocupación por el poder presidencial contribuyeron al clima de descontento nacional.

Associated Press informó que los demócratas lograron avances importantes entre los votantes jóvenes, hispanos, afroamericanos y moderados. Aproximadamente siete de cada diez votantes menores de 30 años apoyaron a los candidatos demócratas a la Cámara de Representantes. A nivel nacional, los votantes hispanos también se inclinaron considerablemente hacia los demócratas, revirtiendo buena parte del terreno que los republicanos habían ganado en 2024. Fue un giro político extraordinario. Pero en ningún otro lugar resultó tan llamativo el contraste entre el clima político nacional y los resultados locales como en Florida.

Florida, la excepción

A pesar de la ola demócrata, Florida se mantuvo firmemente en la columna republicana a nivel estatal. El republicano Byron Donalds derrotó al demócrata David Jolly en la contienda por la gobernación, convirtiéndose en el primer gobernador afroamericano de Florida. La republicana Ashley Moody también conservó su escaño en el Senado de Estados Unidos, derrotando a la demócrata Angie Nixon en las elecciones especiales para completar el resto del mandato de Marco Rubio.

Sin embargo, ambas victorias fueron considerablemente más estrechas de lo que los republicanos probablemente esperaban. Donalds obtuvo alrededor del 50% de los votos, mientras que Jolly quedó ligeramente por debajo del 49%. Moody ganó con aproximadamente el 51%, mientras que Nixon se situó en el 48%. No fueron victorias que representaran un mandato contundente, sino triunfos en un estado donde los republicanos han construido una ventaja considerable en el registro de votantes y donde los candidatos demócratas todavía enfrentan importantes obstáculos políticos y organizativos.

Miami-Dade: un mensaje político diferente

Si Florida fue la excepción en estas elecciones nacionales, Miami-Dade fue posiblemente la excepción política más interesante del estado. El condado se inclinó aproximadamente 18 puntos porcentuales a favor de los demócratas en comparación con las elecciones presidenciales de 2024. Los votantes de Miami-Dade apoyaron a David Jolly frente a Byron Donalds y a Angie Nixon frente a Ashley Moody.

Nixon recibió aproximadamente el 53% de los votos del condado, frente al 46% de Moody. Jolly obtuvo un resultado prácticamente idéntico, con casi el 53% frente al 46% de Donalds.

Es cierto que los vecindarios de mayoría hispana del condado continuaron favoreciendo a los republicanos, aunque por márgenes mucho menores que en elecciones anteriores. Esto demuestra que el electorado cubanoamericano y el resto de la comunidad hispana de Miami no pueden considerarse un único bloque político.

Mientras tanto, los vecindarios de mayoría afroamericana apoyaron abrumadoramente a los candidatos demócratas, y los de mayoría blanca también se inclinaron por ellos. Incluso en Doral, una comunidad que respaldó firmemente a Trump en 2024, Jolly y Nixon lograron avances significativos.

Por lo tanto, Miami-Dade no se volvió simplemente demócrata. Se convirtió en un territorio políticamente más competitivo, donde distintas comunidades expresaron prioridades diferentes.

Tres republicanos cubanoamericanos sobreviven, pero reciben una advertencia

Quizás los resultados más reveladores en las contiendas al Congreso fueron los de los tres representantes republicanos cubanoamericanos de Miami que buscaban la reelección: Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez. Los tres conservaron sus escaños.

Sus victorias demuestran que la estructura política republicana en el sur de Florida, particularmente entre determinados sectores de la comunidad cubanoamericana, sigue siendo formidable. El tradicional discurso anticomunista, las preocupaciones sobre Cuba y Venezuela, las políticas migratorias y la lealtad partidista siguen teniendo un peso considerable.

Pero los márgenes cuentan una historia más complicada. Díaz-Balart ganó su distrito congresional por menos de un punto porcentual. La contienda de Salazar frente al demócrata Eliott Rodríguez fue aún más reñida, con una diferencia de aproximadamente 0.46 puntos porcentuales, lo que activó el umbral para un recuento automático en Florida. Giménez obtuvo una victoria más cómoda, aunque su margen tampoco fue abrumador.

Angie Nixon

Otra historia importante que surgió de estas elecciones trata sobre Angie Nixon.

Aunque Nixon no ganó su contienda por el Senado, quizás logró algo que va más allá del resultado de una sola elección: movilizar a los votantes y atraer nuevamente a personas al proceso político del que muchas se habían distanciado. Su campaña se construyó sobre la organización de base, el contacto directo con los vecindarios, el trabajo de voluntarios y un mensaje dirigido a las familias trabajadoras. Habló sobre el costo de la vivienda, la desigualdad económica, la atención médica, la inmigración y las presiones cotidianas que enfrentan los floridanos comunes.

Su estrategia no consistió simplemente en convencer a los votantes demócratas tradicionales de que la apoyaran. Buscó llegar a quienes sentían que ninguno de los dos partidos políticos prestaba suficiente atención a sus circunstancias. La campaña de Nixon ayudó a fomentar ese sentido de participación y urgencia. Incluso en la derrota, demostró que una candidata con un respaldo relativamente modesto del aparato político puede generar entusiasmo, organizar comunidades y hacer que una contienda electoral sea competitiva.

Lamentablemente, hasta el final, el aparato político del Partido Demócrata la ignoró, o al menos lo intentó, hasta que las encuestas empezaron a indicar que Nixon tenía buenas posibilidades de ganar. La decisión de marginarla tuvo mucho que ver con sus vínculos con los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (Democratic Socialists of America).

Los demócratas, si quieren seguir siendo una fuerza política viable en los próximos años, tendrán que dejar a un lado sus propias pretensiones y las de los viejos dirigentes del partido, que no parecen sentir la necesidad de realizar los cambios indispensables para afrontar un mundo nuevo y atender a nuevos sectores del electorado que buscan a alguien que los lidere. Por eso, los demócratas de Florida no deben pasar por alto esta lección y deben trabajar para ampliar esa coalición inclusiva de la que tanto les gusta presumir.

Una mirada hacia el futuro

Las elecciones de 2026 dejan a los republicanos ante un serio problema político. Conservan Florida, pero han perdido el control del Congreso y enfrentan a un electorado nacional cada vez más preocupado por el rumbo del país. Para los demócratas, el desafío es igualmente claro. Ganar elecciones exige algo más que oponerse a Trump. Requiere construir una coalición duradera, abordar las preocupaciones económicas y mantener el entusiasmo de los votantes que históricamente se han sentido ignorados.

Miami ofrece una lección particularmente importante. La supervivencia política de Díaz-Balart, Salazar y Giménez demuestra que la fuerza republicana dentro de la comunidad cubanoamericana no ha desaparecido. Sin embargo, las victorias de Jolly y Nixon en Miami-Dade demuestran que el condado no está condenado a mantener la misma alineación política que en los primeros años de Trump.

El electorado hispano está cambiando, los votantes jóvenes están participando y las preocupaciones económicas compiten cada vez más con los mensajes políticos tradicionales que han dominado el sur de Florida durante décadas. Quizás la lección más importante sea que ningún partido político debe dar por sentado el voto de los habitantes de Miami.

Trump pidió a los estadounidenses que convirtieran las elecciones de medio término en un referéndum sobre su presidencia. Gran parte del país respondió con un rechazo contundente. Florida respondió de otra manera. Pero Miami envió su propio mensaje: el panorama político está cambiando, las viejas certezas se cuestionan y los votantes que acuden a las urnas pueden cambiar el rumbo de la conversación.

Las próximas elecciones nos dirán si esto fue una reacción temporal o el comienzo de una realineación política duradera.

Felipe Pagliery es profesor de historia jubilado y reside en West Palm Beach. La inteligencia artificial (IA) colaboró en la redacción de este artículo.
Leave a comment