Producción agropecuaria: ritmo decreciente desde…

Vimos la reciente comparecencia del ministro de Agricultura en el programa Mesa Redonda. La elocuencia de esta presentación radica en los datos publicados y su impacto es simplemente tan claro como duro. Los cubanos la vivenciamos. 

Los problemas que confronta sector agropecuario, que es la esencia de la Seguridad Alimentaria, son de vieja data y venimos arrastrándolos. Sus consecuencias son evidentes en la mesa familiar y en las crecientes erogaciones en divisas que año tras año, ha debido hacer el país. 

Buscando en nuestros archivos, los que han sobrevivido a no pocos ataques a nuestro sitio, encontramos una serie de artículos sobre el tema. Este que publicamos a continuación, como la mayoría de ellos, vienen de una de las mentes más lúcidas en la economía del agro cubano: el Dr y profesor Armando Nova, recientemente fallecido y habitual colaborador nuestro. 

Sugerimos leerlo atentamente. 

Progreso Weekly/Semanal  

Agricultura: Urgen medidas descentralizadoras

Por Armando Nova González Actualizado May 13, 2020

LA HABANA. La producción nacional de alimentos proveniente del Sector Agropecuario cubano constituye un aspecto sumamente estratégico para la economía cubana, por un lado, como suministrador de alimentos frescos con destino inmediato a la población, y por otro, como generador de alimentos con destino a la producción animal que finalmente es destinada al consumo de la población. Este sector es un significativo surtidor de materias primas para la industria procesadora de alimentos, que a la vez es destinada al consumo de los cubanos.

Es destacable el potencial productivo que la agricultura cubana encierra y no utiliza a plenitud, a la vez que registra baja eficiencia económico-productiva. Sin duda este sector puede y debe contribuir de forma importante a reducir significativamente la actual dependencia alimentaria externa a que está sometida la economía cubana, lo que incrementa su vulnerabilidad.

Desde el 2008 hasta la fecha en el sector agropecuario cubano se han implementado más de una veintena de transformaciones, siendo la más importante la entrega de tierras ociosas en usufructo al productor privado, lo cual condujo a significativos cambios estructurales.

Sin embargo no se aprecia un aumento importante en la producción agrícola-ganadera, más bien un ritmo promedio anual decreciente. Esto da lugar a que la demanda esté limitada por la oferta y conduzca a una elevada dependencia externa a las importaciones de alimentos, acompañado del incremento de los precios en el mercado minorista interno, aunque para algunos productos fueron fijados precios máximos o topados en los mercados estatales, cooperativos no agropecuarios, y más recientemente en mercados libres de oferta-demanda (medida también aplicada sin éxito con anterioridad). La entrega de tierra constituyó una medida importante, es condición necesaria pero no suficiente.

Elaborados por el autor a partir de “Sector Agropecuario. Indicadores Seleccionados”, del Anuario Estadístico de Cuba 2017 y 2018, y “Sector Agropecuario. Principales Indicadores” de los años 2017, 2018 y 2019 (enero-marzo), de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información. Las cifras correspondientes al año 2019 son una proyección, en tanto las estadísticas oficiales correspondientes a este período no han sido publicadas.

Dentro de las potencialidades no utilizadas del sector se encuentra la capacidad de poder sustituir importaciones de alimentos. La economía cubana ha mantenido un ritmo creciente en las importaciones de alimentos, desde hace más de 10 años: en 2018 ascendió a 2,243 miles de millones de dólares, el 19,5 por ciento del valor total de las importaciones, y es de esperar que al cierre del 2019 esta cifra supere los 2,360 miles de millones de dólares, más del 21 por ciento de las importaciones totales del país, cuando los resultados del sector referentes al pasado año finalmente sean publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Análisis y valoraciones, realizadas en base a la selección de un grupo de alimentos representativos de la canasta del consumidor cubano, posibilitan deducir que los productos importados representan, por su valor, aproximadamente entre el 65-69 por ciento de la disponibilidad total. Utilizar las potencialidades productivas lograría reducir esa dependencia entre un 35 y un 40 por ciento. Todo parece indicar que en los últimos tiempos se ha logrado conciencia del papel que desempeña el sector agropecuario, pero el desempeño práctico aún es insuficiente.

Dado lo significativo del momento actual por el que transita la economía cubana, con el recrudecimiento del bloqueo económico y las afectaciones del COVID-19, se requiere ahora más que nunca medidas innovadoras, osadas, y no decisiones que conduzcan a una mayor centralización sin que favorezcan el desarrollo de las fuerzas productivas.

En la actualidad se aboga por más medidas centralizadoras, mayor control centralizado, elevados niveles de contratación, entre otras. Estas dejan poco margen de decisión y autonomía a los productores, constituidos por diversas formas productivas —Cooperativas de Crédito y Servicios (CCS), Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), Unidades Básicas de Producción y Consumo (UBPC), Usufructuarios privados y productores privados). También, muchas de ellas han sido aplicadas con anterioridad sin resultados positivos.

En la actualidad el 88 por ciento de la producción nacional de alimentos de origen vegetal se logra en el sector no estatal. La participación de las CCS y los productores privados asciende al 78,7 por ciento; así como el 35 por ciento de la producción de alimentos de origen animal y el 65,2 por ciento de la producción de leche. Precisamente en ese sector no estatal (particularmente las CCS, las CPA y los productores privados, incluyendo a los usufructuarios de tierras) es donde hay que concentrar el apoyo, las inversiones e insumos, y propiciar la autonomía necesaria en la gestión económico-productiva. El mero entusiasmo y las arengas no son suficientes; hay que tener presente los intereses de estos productores.

La tendencia creciente de los precios de los alimentos en el mercado minorista interno no es algo reciente, aunque en los últimos tiempos resulta preocupante, con severas implicaciones económicas, sociales y políticas. Dicha tendencia se manifiesta a causa de la insuficiente producción nacional de productos agropecuarios, que no satisface la demanda. Se puede señalar entonces que el problema no radica en la circulación, sino en la insuficiente disponibilidad de alimentos, particularmente en la insuficiente producción nacional (oferta).

De inmediato surgen interrogantes: ¿Cuáles son las dificultades que limitan un crecimiento sostenido de la producción agrícola y ganadera? ¿Se realiza la propiedad? ¿Es reconocido o no el papel que desempeña el mercado? ¿Las medidas implementadas o por implementar en el sector agropecuario son concebidas con un enfoque sistémico?

En primera instancia se considera que el actual modelo de gestión económica centralizado, vigente en el sector agropecuario cubano, requiere ser sustituido por un modelo de gestión económica-productiva totalmente nuevo, que debiera resolver al menos tres problemas fundamentales del escenario agropecuario del país:

Lograr la realización de la propiedad a lo largo del ciclo productivo: producción-distribución-cambio-consumo. Se trata del derecho del productor de poder decidir qué producir, como combinar los factores productivos, a quién vender, a qué precio, y de poder acudir a un mercado de insumos y medios de producción en el momento oportuno, con el objetivo de lograr el cierre exitoso del ciclo productivo. Va de eliminar la elevada centralización monopólica y la verticalidad en las decisiones, las cuales deben corresponder a los productores, y de propiciar el necesario encadenamiento productivo-valor, partiendo del territorio. De la realización de la propiedad depende mucho las relaciones de producción (económicas).

El reconocimiento de la existencia real y objetiva del mercado, en complementariedad con la planificación, teniendo presente los requerimientos sociales.

La aplicación del enfoque sistémico a lo largo del ciclo producción-distribución-cambio- consumo; costo-sistema de precio y la necesaria interrelación con la macro y microeconomía.

Aunque aún no hay información estadística publicada, es conocido que la campaña de frío (cuarto trimestre del año previo e inicio del presente), se vio seriamente afectada en cuanto a la preparación de tierra por la falta de combustible y la insuficiente disponibilidad de fertilizantes e insumos para el control de plagas y enfermedades como resultado del recrudecimiento del bloqueo. Sin duda lo anterior se verá reflejado en menores resultados productivos que, unido a la baja disponibilidad de divisas —descenso de los ingresos del turismo, reducción de ingresos por otros servicios externos, insuficiente producción de la zafra azucarera, compromisos de la deuda—, limitarán la capacidad financiera para la importación de alimentos.

El escenario inmediato proyectado respecto a la disponibilidad de alimentos con destino a la población se presenta complejo. Es probable que a partir de mayo se registren importantes déficits, por las razones señaladas anteriormente.

¡Este sector estratégico requiere de real prioridad y urgentes medidas descentralizadoras que propicien el desarrollo de las fuerzas productivas!

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