Poner fin a la guerra, reabrir el estrecho de Ormuz: ¿se interpondrá Israel?

Según los informes, el lunes se firmó el Memorando de Entendimiento (MOU) entre Estados Unidos e Irán para abrir el estrecho de Ormuz y poner fin formalmente a las hostilidades entre ambos países.

Es importante aclarar que, independientemente de las declaraciones de la Casa Blanca, esto no es un acuerdo de paz. Se trata de un pacto para poner fin al enfrentamiento en el estrecho de Ormuz y de un compromiso de cesar las hostilidades durante 60 días, mientras se intenta alcanzar un acuerdo definitivo. El periodo de negociación podría prorrogarse si ambas partes están de acuerdo. No obstante, es un acuerdo importante que sugiere que podría estar cerca el fin de esta desastrosa guerra.

Pero, como suele ocurrir, Israel amenaza con asumir el papel de saboteador. Lo más claro es que Tel Aviv no renunciará a su objetivo a largo plazo de lograr un cambio de régimen en Irán. Sin embargo, si este memorando entra realmente en vigor y logra la apertura del estrecho de Ormuz, dicho objetivo no se alcanzará con esta guerra.

¿En qué consiste el acuerdo?

Según funcionarios estadounidenses, los detalles del memorando se darán a conocer en los próximos días. No obstante, ya tenemos una idea bastante clara de lo que dice y de lo que no.

Aunque no se han anunciado los términos específicos, parece seguro que se levantarán los bloqueos mutuos en el estrecho y que el tráfico comercial volverá a fluir por todo el golfo Pérsico. Esto podría llevar cierto tiempo, ya que es necesario retirar las minas colocadas por Irán, un proceso delicado; pero si todas las partes cooperan, se logrará en poco tiempo.

Parece haber consenso en que el alto el fuego también se aplica al Líbano. Incluso los israelíes parecen creerlo. Sin embargo, no hay tanta claridad sobre lo que esto significa exactamente.

Israel ocupa actualmente una gran parte del Líbano, y sus dirigentes ya han dejado claro que no tienen intención de retirarse.

Por el momento, parece que el memorando permitirá a Israel permanecer en las zonas ocupadas. El lenguaje empleado por ambas partes ha hecho hincapié a menudo en el “fin de los ataques” contra el Líbano. Irán busca, obviamente, una retirada total de Israel del Líbano, pero queda por ver si está dispuesto a posponer esta exigencia para la fase de negociación en lugar de insistir en que se produzca de inmediato. 

En declaraciones al podcast “Breaking Points”, el periodista Jeremy Scahill afirmó haber recibido información según la cual, a cambio de abstenerse de tomar represalias contra Israel por el ataque perpetrado el domingo en Dahiya (Líbano), el presidente estadounidense Donald Trump presionaría a Israel para que se retirara totalmente del Líbano. Esto sería positivo de ser cierto, pero lo más probable es que Irán se abstuviera de atacar para evitar que Israel lograra su objetivo con el bombardeo: frustrar el memorando de entendimiento (MOU) en cuestión. Por tanto, el Líbano sigue siendo el principal punto crítico que podría hacer fracasar este acuerdo.

Algunos medios han informado que el memorando incluye un acuerdo para que Estados Unidos y sus aliados descongelen unos 24.000 millones de dólares en activos iraníes, mientras que otros medios han omitido este detalle. Lo más probable es que la administración Trump —repleta de figuras, incluido el propio presidente, que criticaron duramente a Barack Obama por entregar a Irán “palés de efectivo” en el marco del JCPOA— esté buscando la manera de satisfacer las demandas de fondos de Irán sin levantar prematuramente las sanciones ni entregar efectivo (o acceso directo al mismo) al país persa.

Así, exploran alternativas en las que otros países faciliten discretamente el acceso a los fondos iraníes congelados. Se ha informado de que los Emiratos Árabes Unidos hicieron precisamente eso en los últimos días y, a pesar de sus vehementes desmentidos, es muy probable que dicha información sea exacta. La mayor parte del dinero provendría de Qatar, que liberaría los 24.000 millones de dólares en dos tramos: uno al inicio de las conversaciones y otro al final. No está claro si Estados Unidos ha aceptado este esquema, pero parece ser la propuesta de Qatar.

Por su parte, Irán proporcionará a Trump el argumento político que necesita al comprometerse, una vez más, a no desarrollar armas nucleares. Dado que esta ha sido su postura durante décadas —y que la inteligencia estadounidense ha confirmado su veracidad a lo largo de todo ese tiempo—, no se trata de una exigencia excesiva para Teherán. Sin embargo, Trump lo presentará como un gran logro, algo que a Irán le da lo mismo.

Israel vuelve a actuar como elemento perturbador

Los líderes israelíes se apresuran a elaborar una narrativa interna sobre lo que, en la práctica, supone una derrota decisiva tanto para ellos como para Estados Unidos.

El primer ministro Benjamin Netanyahu prometió: “Permaneceremos en las zonas de seguridad el tiempo que sea necesario para defender a nuestro país”. En el lenguaje de Netanyahu, “zonas de seguridad” equivalen a territorios ocupados.

A continuación, afirmó al estilo de Trump: “Irán corría hacia la obtención de un arma nuclear. Si no hubiéramos actuado en el momento y con la contundencia con que lo hicimos… Irán ya tendría bombas atómicas”.

Se trata, por supuesto, de una mentira absoluta, desmentida por todos los informes de inteligencia de Israel, Estados Unidos, Europa y de cualquier otro lugar que haya evaluado las ambiciones nucleares de Irán.

El hecho de que Netanyahu sienta la necesidad de decirlo es una señal de su desesperación. También refleja su necesidad de apaciguar a Trump reafirmando la falsa narrativa de una victoria estadounidense.

Mientras tanto, un ataque israelí causó la muerte de una persona e hirió a un periodista en la localidad libanesa de Kfar Tebnit, en el sur del país. Fue una pequeña señal de que Israel pretende mantener los combates en el Líbano como medio para frustrar el acuerdo con Irán.

Hezbolá afirmó que tiene derecho a la legítima defensa tanto frente a la agresión como a la ocupación israelíes, un derecho que efectivamente le asiste según el derecho internacional.

Esta realidad sobre el terreno brinda una oportunidad a Israel, a menos que Trump esté dispuesto a actuar con firmeza para contenerlo. Tal dilema es el resultado deliberado del escenario planteado por Irán: están poniendo a prueba a Trump para ver si puede y quiere frenar a Israel.

Sin duda, a Teherán le impresiona tan poco como a muchos de nosotros la reprimenda pública de Trump a Netanyahu, plagada de insultos. Como ya he señalado, a Netanyahu tampoco le impresiona. Las palabras, por duras o vulgares que sean, carecen de peso en este contexto. Solo la amenaza de consecuencias reales obligará a Netanyahu a retroceder en el Líbano, y nadie —incluidos los iraníes— sabe si Trump impondrá tales medidas a su aliado.

Mayor riesgo para Irán

Mientras Trump se enfrenta a una intensa presión electoral para poner fin a esta guerra, Netanyahu afronta una presión aun mayor por parte de los sectores más belicistas de la oposición israelí.

Naftali Bennett, uno de los principales candidatos a suceder a Netanyahu en las próximas elecciones, prometió que “la cuenta atrás para un cambio de régimen en Irán comenzará tan pronto como cambie el gobierno en Israel”. Bennett aboga por una estrategia multifacética que depende más de la capacidad de Israel para avivar la oposición interna en Irán que de la presión —en la que tanto se ha apoyado Netanyahu, aunque este también haya recurrido a la infiltración y el espionaje—.

Para Bennett, la clave no radica tanto en la presión militar como en mantener las sanciones y utilizar la presión económica para fomentar el descontento contra el gobierno iraní.

Se trata de una estrategia mucho más astuta, aunque igualmente improbable de arrojar el resultado que Israel desearía.

Los líderes iraníes son conscientes de que enfrentan un grave problema de popularidad interna, algo que el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel solo ha logrado ocultar temporalmente. Si la guerra llegara a su fin, la economía aún tendría un largo camino hacia la recuperación, y el propio gobierno iraní seguiría siendo autoritario y represivo. Muchos iraníes no olvidarán los sucesos del pasado mes de enero, cuando miles de manifestantes perdieron la vida. Independientemente del papel que pudieran haber desempeñado los agentes israelíes en la violencia de aquellas protestas, lo cierto es que los manifestantes murieron a manos de las fuerzas gubernamentales.

Netanyahu también optará por esa estrategia si no logra reanudar la guerra a gran escala contra Irán. Y, en caso de que el memorando de entendimiento (MOU) entre en vigor, desencadenar una guerra total resultaría mucho más difícil, ya que ello implicaría un nuevo cierre del estrecho de Ormuz, una medida que difícilmente contaría con la cooperación de Trump ni del resto de los líderes mundiales.

Este es el obstáculo al que Netanyahu se ha enfrentado durante cuarenta años: no puede librar una guerra contra Irán sin el apoyo de Estados Unidos. Hasta ahora, ningún presidente estadounidense había sido lo bastante insensato como para brindarle ese respaldo. Y ahora, incluso el insensato ha comprendido la razón.

Reacciones estadounidenses

Como cabía esperar, el memorando de entendimiento suscitó escepticismo en ambos partidos.

El republicano Lindsey Graham, cuidándose de no contrariar a Trump, tuiteó: “Me preocupa un tanto que la perspectiva de Irán sobre el acuerdo parezca diferir de lo que afirma el equipo negociador estadounidense. Según nuestra legislación, cualquier acuerdo nuclear con Irán deberá ser remitido al Congreso para su revisión y votación. Espero con interés examinar el resultado final y considero imprescindible que el artífice del acuerdo, el vicepresidente Vance, junto con sus socios negociadores, participe en el proceso de presentación del acuerdo definitivo ante el Congreso”.

Cabe aclarar que el memorando de entendimiento (MOU) no constituye un acuerdo nuclear con Irán. Trump no requiere la aprobación del Congreso para este documento.

Sin embargo, deberá someter al Congreso cualquier acuerdo definitivo que aborde el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones estadounidenses relacionadas con dicho programa, en virtud de la Ley de Revisión del Acuerdo Nuclear con Irán (INARA) de 2015.

No obstante, la INARA faculta al Senado para aprobar una resolución conjunta de rechazo, que solo anularía el acuerdo si el Senado superara un veto presidencial.

Para ello, se necesita un amplio respaldo bipartidista. Por tanto, resulta significativo que el líder de la minoría, Chuck Schumer (demócrata por Nueva York), también expresara su escepticismo en términos muy similares a los de Graham.

La declaración de Schumer decía, en parte: “El pueblo estadounidense merece conocer los detalles y contar con total transparencia: ¿qué contiene exactamente este ‘entendimiento’? […] Trump debe hacer públicos los detalles, informar de inmediato al Congreso y poner fin a esta guerra de una vez por todas”.

Ahora bien, que el memorando cuente con la aprobación de Schumer o de Graham carece de importancia, ya que no tendrán voz ni voto hasta que se alcance un acuerdo definitivo.

Sus reacciones, sin embargo, contribuirán a definir el panorama político en torno a las expectativas razonables respecto de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.

Dicha dinámica política, al menos entre los demócratas, también se verá condicionada por la creciente y marcada división entre los demócratas partidarios de Israel.

El grupo demócrata de extrema derecha partidario de Israel instó, como era de esperar, a Trump a aceptar únicamente condiciones que Irán jamás aceptaría. Por su parte, el Consejo Democrático Judío de Estados Unidos —de tendencia más centroderechista— planteó críticas legítimas a la guerra de Trump, pero también le reprochó que no permitiera a Israel actuar sin restricciones y que concediera a Irán cualquier tipo de alivio financiero.

En cambio, los sionistas progresistas expresaron su apoyo al acuerdo. J Street “celebra el anuncio de un acuerdo para poner fin a la guerra con Irán. Si bien los detalles del acuerdo aún no están claros, cerrar este conflicto devastador salvará vidas, reducirá el riesgo de una mayor escalada regional y aliviará el grave daño económico que esta guerra ha infligido a personas de todo el mundo”.

Del mismo modo, Hadar Susskind, de New Jewish Narrative (NJN), declaró: “Durante años hemos sostenido que la fuerza militar por sí sola no puede garantizar la seguridad de Israel ni la estabilidad de la región. Esta guerra demostró ese punto a un costo enorme. Ya es hora de que los líderes de Israel y Estados Unidos apliquen esa lección”.

Esto representa una nueva división entre los grupos judíos demócratas, ya que a J Street y NJN seguramente se unirán grupos antisionistas y no sionistas, que apoyarán un acuerdo que ponga fin a la guerra, aunque no necesariamente bajo los mismos términos que los grupos proisraelíes.

Si finalmente se concreta un acuerdo con Irán a partir de la semilla plantada por el memorando de entendimiento (MOU), la presión de esos sectores podría ser decisiva para impedir que el Congreso lo frustre.

Mitchell Plitnick es presidente de ReThinking Foreign Policy. Es coautor del libro *Except for Palestine: The Limits of Progressive Politics* y publica el boletín *Cutting Through*. Este artículo viene de Mondoweiss.
Leave a comment