Los cubanos ven esperanza en las reformas, pero temen que EE. UU. las obstaculice

El bloqueo total de las importaciones de combustible —con un solo barco que llegó en nueve meses— provocó la desaparición del transporte público y redujo al mínimo la disponibilidad diaria de electricidad.

El mes pasado, el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, declaró que ya se estaban implementando 158 nuevas medidas económicas y sociales, de un paquete original de 176 aprobado en julio por la Asamblea Nacional de Cuba, respaldadas por 197 decretos legales. Las medidas incluyen permitir que los negocios privados importen medicamentos y otros productos, flexibilizar las restricciones al turismo privado y autorizar bancos de propiedad privada —bajo la supervisión del Banco Central— dentro de un marco regulatorio equivalente al de los bancos estatales. A estas medidas se suma que, por primera vez, la Asamblea Nacional permitió que capital extranjero invierta directamente en empresas privadas cubanas, en lugar de tener que operar exclusivamente mediante estructuras controladas por el Estado. Las empresas privadas tampoco estarán limitadas a un máximo de 100 empleados.

Según Daniel Torralbas, un economista cubano radicado en Londres, las nuevas medidas de la Asamblea Nacional constituyen “el programa de reformas económicas más profundo… desde la revolución de 1959”. Encabezado por Fidel Castro, el gobierno de La Habana nacionalizó, entre mediados y finales de la década de 1960, una enorme cantidad de empresas de propiedad estadounidense que controlaban importantes sectores de industrias clave, como los servicios públicos, la minería, los ferrocarriles y la infraestructura, además de tierras y actividades agrícolas.

Mauricio Alonso, un exingeniero nuclear de 68 años que vive en La Habana y actualmente administra un alojamiento en Airbnb, ha acogido con satisfacción las nuevas medidas económicas del gobierno.

“A nivel personal, esto me va a beneficiar”, dice Alonso, “porque me permitirá, por ejemplo, que, ya que soy trabajador por cuenta propia, asociarme con extranjeros, trabajar en conjunto, formar parte de una organización más grande y realizar actividades relacionadas con mi negocio de alojamiento, entre otras cosas”. En opinión de Alonso, trabajar con agencias de viajes será ahora más fácil gracias al levantamiento de las restricciones. “Si cumplo los requisitos, si logro acreditarme como tal”, dice Alonso, “podré trabajar como guía turístico sin ningún problema”

Durante la década de 1980, Alonso trabajó en la Central Electronuclear de Juraguá, cerca de la ciudad de Cienfuegos, que se estaba construyendo con ayuda de la Unión Soviética para convertirse en la primera planta nuclear de Cuba. Alonso cuenta que “cuando la Unión Soviética colapsó a finales de 1991, los trabajos en la planta se detuvieron en 1992”. Aunque continuó trabajando en el sector nuclear hasta 1995, “se dio cuenta de que el proyecto no podía continuar”, en parte debido a “la intensa presión del gobierno de Estados Unidos”. En ese momento decidió “pasarse al sector privado y comenzar a alquilar habitaciones” tras heredar de su madre un apartamento grande.

Si la planta nuclear cubana hubiera entrado en funcionamiento, es dudoso que la isla enfrentara la actual crisis energética.

A pesar de una pequeña recuperación entre 2021 y 2022, después de que el PIB cubano se contrajera un 10,9 % en 2020, cuando la COVID-19 prácticamente paralizó el turismo internacional, la crisis económica de la isla se ha agravado debido al embargo de combustible impuesto por la administración Trump. Cuando el presidente estadounidense Donald Trump comenzó a tomar medidas contra los envíos de petróleo venezolano a Cuba en 2025 —que ascendían a aproximadamente 26.500 barriles diarios—, los cubanos experimentaron una grave reducción del suministro de combustible. El 29 de enero, la administración Trump formalizó las sanciones petroleras contra Cuba mediante la firma de la Orden Ejecutiva 14380, que no se limitó a imponer otra sanción contra la isla, sino que también creó un mecanismo para penalizar a terceros países que suministren petróleo a Cuba. Si un país exporta petróleo crudo o productos derivados del petróleo, el gobierno de Estados Unidos puede imponer aranceles adicionales a las mercancías de ese país que ingresen al mercado estadounidense.

Para Amalia Díaz Pérez, una joven de 21 años, recién graduada en Filosofía por la Universidad de La Habana, el embargo petrolero de la administración Trump interrumpió su último año de estudios. En declaraciones a Truthout, afirmó:

“El bloqueo total de las importaciones de combustible —con un solo barco que llegó en nueve meses— provocó la desaparición del transporte público y redujo al mínimo la disponibilidad diaria de electricidad. Como consecuencia, mis condiciones de estudio y la mayoría de mis actividades recreativas cotidianas se vieron afectadas. Para empeorar aún más la situación, las tareas domésticas se hicieron cada vez más difíciles debido a la presión que la escasez nacional de combustible ejerció sobre los suministros de agua y alimentos”.

Desde la perspectiva de Díaz Pérez, “la pobreza y la desigualdad han aumentado en Cuba desde hace varios años debido a las políticas de hostilidad de Trump, lo que ha provocado un incremento de la violencia callejera”. Afirma que desde enero la situación se ha vuelto “más palpable” debido a la insuficiente iluminación de las calles por la noche, lo que ha contribuido a un aumento de la inseguridad.

Según un informe reciente de UNICEF, para mediados de mayo, los cubanos estaban experimentando apagones de hasta 20 horas diarias, mientras que la tasa de mortalidad infantil se había duplicado hasta alcanzar 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos. “Los niños están muriendo porque los médicos no tienen acceso a suministros médicos y medicamentos esenciales. Esto es inaceptable”, declaró Volker Türk, jefe de derechos humanos de la ONU.

Cuando se le preguntó sobre las nuevas políticas económicas del gobierno destinadas a enfrentar las graves dificultades económicas de Cuba, Díaz Pérez dijo que las “medidas buscan una salida a las injustas dinámicas comerciales en las que está atrapado el país”. En su opinión, una vez implementadas las medidas, “los primeros beneficiarios serán quienes tengan los medios para invertir —tanto los cubanos adinerados como los extranjeros— y los miembros más necesitados de la población, que podrán recibir subsidios financiados con los ingresos fiscales generados por esas inversiones”.

Desafortunadamente, señala Díaz Pérez, el “éxito final” de la estrategia del gobierno dependerá “en gran medida” de que otros países estén dispuestos a enfrentarse a Estados Unidos en defensa de la soberanía económica cubana. Bajo el actual bloqueo estadounidense, sostiene Díaz Pérez, las inversiones “no se basarían en condiciones justas y equitativas, sino que simplemente servirían para extraer riqueza”, mientras la pobreza continuaría afectando a la mayoría de los cubanos.

Teniendo en cuenta estos factores, Díaz Pérez afirma que países como Vietnam y China, junto con cubanos residentes en el exterior, ya han anunciado planes de colaboración económica.

En junio de este año, el ministro de Relaciones Exteriores de Vietnam, Lê Hoài Trung, visitó la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), donde Vietnam tiene la segunda mayor presencia empresarial extranjera. Según Ana Teresa Igarza Martínez, directora general de este enclave económico, los acuerdos entre Cuba y Vietnam abarcan “sectores como la industria, la actividad agroalimentaria, la producción de pañales desechables y detergentes, el desarrollo de energías renovables, entre otros, así como el comercio y los sectores financiero y bancario”.

También en junio, el productor vietnamita de arroz AgriVMA entregó 1.200 toneladas métricas de arroz a la empresa agroindustrial cubana Los Palacios, en el marco del segundo envío de arroz a la isla bajo un acuerdo bilateral de 2026. Previamente, en septiembre de 2024, AgriVMA colaboró con Los Palacios, en la provincia de Pinar del Río, en el “cultivo de arroz en más de 1.000 hectáreas, proporcionando semillas, fertilizantes, pesticidas, maquinaria y asistencia técnica a familias agrícolas cubanas”. Según los medios estatales cubanos, en 2026 se han sembrado 900 hectáreas de arroz.

En declaraciones realizadas en julio ante la Asamblea Nacional, Marrero dijo que las nuevas medidas económicas habían permitido a 13 empresas extranjeras contratar directamente a trabajadores cubanos, mientras que más de 100 actores no estatales habían recibido autorización para importar combustible.

Aunque no se ha producido una ola de nuevas inversiones chinas desde que La Habana anunció las recientes medidas económicas, para agosto China ya había entregado 5.000 sistemas solares al país caribeño. En 2019, los suministros chinos de paneles solares a la isla ascendían a 16,6 millones de dólares, mientras que en 2025 esa cifra había aumentado a 117 millones de dólares, con al menos 34 parques solares en funcionamiento en Cuba con tecnología china.

Actualmente, la empresa china Shanghai Electric y una compañía británica habrían invertido 60 millones de dólares en el Parque Solar de Mariel. Según el economista cubano Ricardo Torres, investigador visitante de la American University en Washington, “el uso de tecnología china no proviene de inversiones de empresas chinas. China actúa como proveedor, y la parte cubana debe pagar por los equipos y la asistencia técnica”, algo que, según se entiende, ha sido pagado con níquel producido en la isla.

A principios de septiembre, el viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior, Óscar Pérez-Oliva, dijo que las nuevas políticas del país “podrían tener un impacto en la economía a corto plazo”; sin embargo, añadió que no se puede estimar su alcance concreto debido a “presiones externas que no podemos ignorar”, es decir, el embargo estadounidense.

Al reflexionar sobre las actuales dificultades económicas de los cubanos, Grisel Eulalia Reyes León, exviceministra de Comunicaciones de Cuba, dijo a Truthout que hay “días en que el desánimo se apodera de mí”.

“Me siento atrapada en un campo de concentración moderno, donde [el gobierno de Estados Unidos] busca quebrarnos mediante el hambre y el agotamiento”. Desafiante, añadió: “Sin embargo, les aseguro que no nos rendiremos”. Reyes León dijo que si antes odiaba el bloqueo económico estadounidense contra su país y a quienes lo promueven, “desde enero mi rechazo ha crecido y se ha hecho más fuerte e intenso”, aunque también está acompañado por la convicción de que “nuestro único camino hacia adelante reside en la unidad [nacional] y la creatividad”.

Al igual que muchos cubanos, Reyes León considera que el éxito de las nuevas medidas económicas implementadas por el gobierno cubano dependerá en gran medida de las acciones de la administración Trump. “El imperio persigue a los bancos que hacen negocios con Cuba, sanciona a los inversionistas y prohíbe el uso del dólar en las transacciones con nuestra isla”, dijo. Como consecuencia, argumentó, “el capital extranjero teme las multas estadounidenses”, lo que constituye un obstáculo significativo para un gobierno que busca atraer las inversiones necesarias para reactivar la economía cubana.

Por otro lado, Reyes León reconoció que Cuba también tiene sus propias deficiencias que “deben ser superadas”. Una “burocracia excesiva, la inercia administrativa y la resistencia al cambio en determinados sectores” significan que la sociedad cubana se verá obligada a “mirarse a sí misma con honestidad y ser más eficiente”.

A nivel personal, Reyes León dijo a Truthout que tiene familiares en la ciudad de Santa Clara, a unos 160 kilómetros de La Habana, y que no ha podido visitarlos en cinco años porque “el transporte es inviable”. Si una empresa extranjera instalara una fábrica de piezas de repuesto para autobuses y servicios interprovinciales, Reyes León cree que podría ver a sus seres queridos con mayor frecuencia. En un sentido más amplio, añadió que “si los jóvenes encuentran oportunidades para llevar una vida digna y próspera”, también consideraría exitosas las nuevas medidas económicas, ya que los jóvenes cubanos podrían estar dispuestos a permanecer en la isla “construyendo su país junto a sus familias”.

El periodista argentino Gabriel Vera Lopes, quien ha vivido varios años en La Habana y escribe para Brasil de Fato, afirma que la crisis actual es la más profunda que ha vivido el país desde que la revolución tomó el poder.

Vera Lopes describió cómo, debido a la última ronda de sanciones de Trump a principios de este año, empresas extranjeras de los sectores hotelero y minero que habían operado en Cuba durante más de 30 años han abandonado recientemente la isla. “Estamos hablando de dos sectores fundamentales… que pueden aportar divisas al país”. En este sentido, añade Vera Lopes, “la ofensiva, el estrangulamiento, la guerra económica que se está librando contra Cuba tiene como objetivo atacar cada uno de los recursos y cada una de las vías mediante las cuales el Estado cubano intenta mantener cierto grado de cohesión social, algún tipo de actividad empresarial y algún grado de sostenibilidad”.

Debido al embargo petrolero de Trump, Vera Lopes dijo a Truthout que “el impacto sobre el transporte en toda la isla ha generado una de las consecuencias quizá menos visibles, pero no por ello menos dramáticas: la industria del país ha quedado completamente paralizada”.

A pesar de las enormes dificultades que enfrentan los cubanos, Reyes León rechaza la idea de que la sociedad cubana se desmorone, como han promovido algunos “medios de comunicación internacionales”, y añade que “esa narrativa exagerada busca desacreditarnos”. Reyes León reconoció que los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que desde 1960 han funcionado como organizaciones de masas de base comunitaria que combinan movilizaciones vecinales, programas sociales y vigilancia política, “ya no funcionan con la misma fuerza que en el pasado”, pero añadió:

“…en cada barrio, el pueblo sigue siendo el principal vigilante. En mi cuadra, si alguien roba, los propios vecinos lo señalan y lo denuncian. Sabemos que el verdadero enemigo no es el compatriota cubano que lucha a tu lado, sino el imperialismo yanqui y sus lacayos, que nos impiden desarrollarnos”.

Según Mauricio Alonso, la actual crisis de combustible ha llevado a los cubanos a ser todavía más creativos a la hora de resistir el embargo petrolero estadounidense. Dijo a Truthout que los triciclos eléctricos impulsados por energía solar se han vuelto cada vez más comunes en La Habana, mientras que “la mayoría de las funciones —como las del Ballet Nacional de Cuba— comienzan a las 5:00 de la tarde, cuando todavía hay luz natural, y para las 8:00 u 8:30 de la noche, todo el mundo está de regreso en casa”.

Hay “muchísimas” dificultades económicas, dijo Mauricio Alonso, pero los cubanos “no hemos perdido nuestras ganas de vivir”.

“No queremos un país dominado por una potencia extranjera —como desafortunadamente ha ocurrido en Venezuela”. En Cuba, dijo desafiante, “no hay Delcys Rodríguez”.

Rodrigo Acuña tiene un doctorado en política exterior venezolana de la Universidad Macquarie. Junto con el periodista Nicolás Ford, el año pasado estrenó su primer documental, Venezuela: The Cost of Challenging an Empire. Acuña lleva cerca de 20 años escribiendo sobre política latinoamericana y publica un boletín sobre América Latina. La traducción al español es de Progreso Weekly. Este artículo fue tomado de Truthout.
Leave a comment