
El Milagro de Rosatur: En el Corazón de Cuba, un Proyecto Local Demuestra que el Turismo puede hacer avanzar una comunidad
En la única ciudad condal de La Habana, un emprendimiento liderado por mujeres ha logrado lo que pocos: convertir la responsabilidad social en el motor económico de una comunidad. No es una fábrica, ni una gran empresa. Es el Proyecto de Desarrollo Local (PDL) Rosatur, y su fórmula está revolucionando la manera de hacer negocios en la isla.
Santa María del Rosario, La Habana. — A simple vista, el Parque José Martí es el típico corazón de un pueblo cubano: bancos de hierro forjado, niños jugando y el inevitable rumor de vecinos que se saben la vida de memoria. Pero si uno se acerca con atención, descubrirá que este parque, flanqueado por una iglesia considerada Monumento Nacional, es la puerta de entrada a una revolución silenciosa. Es el punto de partida de los recorridos del PDL Rosatur, un proyecto que se ha propuesto algo más ambicioso que vender excursiones: reconstruir el tejido social de una comunidad a través del turismo.
“Esto no es un negocio cualquiera”, dice Dayanny Romero Bartolo, titular del proyecto, mientras ajusta su sombrero de yarey antes de recibir a un grupo de visitantes. “Nosotros no solo mostramos la historia. Nosotros la vivimos, la protegemos y, sobre todo, devolvemos a la comunidad lo que ella nos da: su identidad”.
Lo que comenzó como una idea en 2021, aprobada formalmente en noviembre del 2023, se ha convertido en un modelo de estudio para académicos y un faro de esperanza para emprendedores en toda la isla. Aprobado en un contexto económico cubano marcado por el bloqueo, la escasez de recursos y la necesidad imperiosa de reinventarse, Rosatur no solo ha logrado sobrevivir, sino que ha prosperado siguiendo una máxima que en el manual de negocios tradicional parecía una utopía: la rentabilidad económica es directamente proporcional al impacto social.
El Arca de Noé de los Saberes Populares
El primer impacto de Rosatur no se mide en ingresos, sino en personas. Al adentrarse en la nómina del proyecto, se descubre una realidad asombrosa: más de la mitad de su fuerza laboral son adultos mayores jubilados. Lejos de ser una carga, estos hombres y mujeres son la columna vertebral de la operación.

“Ellos son la memoria histórica andante”, explica Vivian Isabel Antúnez Saiz, Profesora Titular del Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de La Habana y coautora del estudio de caso sobre el proyecto. “El PDL Rosatur la recuperación de oficios y saberes populares a través de un mecanismo de mercado y de emprendimiento”.
El proyecto se ha convertido en una suerte de Arca de Noé para conocimientos en vías de extinción. Las técnicas artesanales, las recetas tradicionales, las historias orales que no aparecen en los libros de texto, son rescatadas y transmitidas en talleres de capacitación que el propio proyecto organiza para sus miembros y para la comunidad.
Este enfoque ha generado un círculo virtuoso. El 90% de los trabajadores reside en el propio Consejo Popular, lo que reduce el éxodo de talento hacia la capital y fortalece la economía local. La existencia de un Órgano de Base Sindical vinculado a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) municipal formaliza derechos y demuestra que, incluso en la pequeña empresa, la defensa del trabajador es una prioridad.
Una Ética Ambiental desde la Base
En una época donde muchas empresas globales son acusadas de “greenwashing” (lavado de imagen verde), Rosatur practica una sostenibilidad casi artesanal, pero de una efectividad profunda.
El proyecto procesa mensualmente alrededor de cinco libras de papel y cartón para convertirlas en materia prima para sus producciones artesanales. El agua de lluvia se recolecta para minimizar el consumo de la red. Los residuos orgánicos no se desechan; se transforman en sustrato para huertos agroecológicos que no solo alimentan a los trabajadores y sus familias, sino que embellecen el entorno y atraen aves migratorias, añadiendo valor paisajístico a los recorridos.
“Lo más impresionante no es la tecnología, que es casi nula”, aclara Antúnez Saiz. “Es la conciencia. Han internalizado el principio de la economía circular de manera natural. Lo que para otros es basura, para ellos es un recurso. Y eso es algo que no se compra, se educa”.
Esta filosofía se extiende a sus alianzas. La colaboración con el PDL Beliña, un emprendimiento local de productos deshidratados, permite cerrar el ciclo “del campo a la mesa”. Rosatur provee insumos agrícolas y Beliña los transforma, creando una simbiosis empresarial que fortalece el tejido productivo del territorio y ofrece una experiencia turística más completa.
El Canvas y la Universidad: Cuando la Teoría Rescata la Práctica
Pero el éxito de Rosatur no es fruto solo de la buena voluntad. Hay una historia paralela de formación y estrategia que resulta clave. Dayanny Romero participó en un ciclo de entrenamientos organizado por la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC). Allí, dos herramientas gerenciales cambiaron el rumbo del proyecto.
La primera fue el Dimensionamiento del Producto/Servicio. “Uno cree que vende una caminata por el pueblo”, explica Romero. “Pero cuando aplicas la herramienta, te das cuenta de que vendes un producto básico (el recorrido), un producto real (la artesanía, la comida), un producto aumentado (la calidez del trato) y, lo más importante, un beneficio psicológico: el orgullo de ser parte de esta historia, la conexión cultural”.

La segunda fue el Modelo CANVAS, una plantilla de gestión estratégica que permite visualizar un negocio en su totalidad en una sola hoja. “Hasta ese momento, manejábamos el proyecto con intuición, con el corazón”, confiesa Romero. “El CANVAS nos puso los pies en la tierra. Nos obligó a segmentar a nuestros clientes (turistas internacionales, nacionales, escuelas, la propia comunidad), a definir con claridad nuestros canales de ingresos y a ser eficientes con nuestros recursos limitados”.
La aplicación de esta herramienta, detallada en el estudio de caso publicado por las autoras, reveló una verdad incómoda pero necesaria: el proyecto necesitaba profesionalizar sus procesos internos, especialmente en la gestión del talento humano y la formalización de los diálogos internos. Lejos de ser una debilidad, esta autocrítica se convirtió en una hoja de ruta para el futuro.
Un Modelo de gestión novedoso
El PDL Rosatur cumple y excede las obligaciones del Decreto Ley 33/2021 para proyectos de desarrollo local, pero va más allá: ofrece precios preferenciales a segmentos vulnerables, realiza donaciones a escuelas y centros de salud, y organiza círculos de interés para que los niños del pueblo aprendan sobre historia local y reciclaje.
“No es filantropía”, aclara Romero. “Es inversión. Si los niños de ahora no conocen su patrimonio, cuando sean grandes no les importará destruirlo. Nosotros estamos formando a nuestros futuros clientes y, lo que es más importante, a los futuros guardianes de Santa María del Rosario”.
Esta visión a largo plazo es la que ha cautivado a la academia. Para Vivian Antúnez Saiz, Rosatur se erige como un “modelo de desarrollo endógeno”, donde la solución a los problemas locales se construye desde dentro, aprovechando los recursos humanos, culturales y naturales del territorio. “Está perfectamente alineado con la Estrategia de Desarrollo Municipal del Cotorro”, apunta la profesora. “Demuestra que las políticas públicas pueden tener un correlato exitoso en la base si se encuentran con emprendedores capacitados y con conciencia social”.
Desafíos y Esperanzas
Sin embargo, el camino no es fácil. El estudio de caso identifica desafíos importantes, como la necesidad de formalizar los procesos de diálogo interno y contratar a un especialista en Recursos Humanos que profesionalice la gestión del talento. La burocracia, el acceso a financiamiento y las constantes limitaciones materiales del contexto cubano son retos cotidianos.
Pero lo que Rosatur ha demostrado en su corta vida es que existe una alternativa al modelo extractivo de negocio. Su historia sugiere que, en las condiciones actuales de Cuba, el emprendimiento no solo es una vía para la subsistencia, sino un espacio privilegiado para la innovación social.
Mientras el sol de la tarde cubano baña las viejas piedras de la iglesia de Santa María del Rosario, Dayanny Romero se despide de los visitantes. No les vende una artesanía ni les pide una propina. Simplemente, les sonríe y les dice: “Vuelvan. El pueblo es suyo, pero cuídenlo, que es nuestro”.
Y en esa frase, sencilla y profunda, reside la esencia de Rosatur. Un proyecto que entiende que la responsabilidad social no es un capítulo en un informe de sostenibilidad, sino la única manera posible de hacer negocios cuando lo que está en juego no es solo una cuenta de resultados, sino el alma de una comunidad. Un pequeño gran milagro en el corazón de Cuba.
