
El éxito también se enseña: El PDL 999+ se blinda por dentro para consolidar su aporte al emprendimiento cubano
En un contexto donde la asesoría para crear Mipymes, cooperativas o proyectos de desarrollo local se ha vuelto una necesidad imperiosa —pero no siempre de calidad—, el 999+ ha decidido dar un paso al frente. Lo ha hecho diseñando una Estrategia Integral de Capacitación para su personal clave con ayuda de la academia.
En el corazón de La Habana Vieja, donde el bullicio turístico se mezcla con la realidad cotidiana de quienes buscan un sustento, hay un proyecto que ha decidido hacer una pausa estratégica. No para detenerse, sino para afianzar su rumbo estratégico. El Proyecto de Desarrollo Local (PDL) 999+, conocido por ser un “emprendedor que ayuda a emprender”, ha puesto la mirada hacia adentro con un objetivo claro: convertir su experiencia en ciencia y su capital humano en la columna vertebral de un servicio de excelencia.
En un contexto donde la asesoría para crear Mipymes, cooperativas o proyectos de desarrollo local se ha vuelto una necesidad imperiosa —pero no siempre de calidad—, el 999+ ha decidido dar un paso al frente. Lo ha hecho diseñando una Estrategia Integral de Capacitación para su personal clave con ayuda de la academia, una suerte de “escuela interna” que busca estandarizar el conocimiento, actualizarlo constantemente y, sobre todo, tejer una cultura de innovación que vaya más allá de la buena voluntad o la experiencia empírica.
El diagnóstico del talento humano en el PDL 999+
El equipo del 999+ no es pequeño ni improvisado. Cuenta con programadores web, diseñadores, especialistas en gestión contable, comunicadores y asesores legales. Su cartera de servicios es amplia: desde la elaboración de estudios de factibilidad y flujos de caja para créditos bancarios, hasta el acompañamiento en la formulación de proyectos de cooperación internacional, así como la gestión de la imagen y la comunicación de los nuevos negocios.
Sin embargo, como ocurre en muchas organizaciones cubanas que han crecido rápido, existía una desconexión. El diagnóstico interno reveló una brecha incómoda: mientras el proyecto contaba con una alta capacidad técnica (sabían cómo hacer las cosas), la capacidad de acompañamiento metodológico y mentoría —es decir, las habilidades blandas para transmitir ese saber y guiar al cliente— no estaba totalmente optimizada.
“No se trata solo de entregar un documento impecable, sino de que el emprendedor entienda el proceso y se sienta acompañado”, explican los autores de la estrategia, las licenciadas Mayte Rodríguez y Heidy A. Bacallao, junto a la profesora titular de la Universidad de La Habana, Vivian Isabel Antúnez Saiz.
Un modelo con sello cubano
La estrategia no es un simple listado de cursos. Sus gestoras han aplicado una batería de instrumentos de dirección estratégica que bien podrían servir como manual para otras formas de gestión en el país. Lejos de copiar recetas foráneas, se han apoyado en el Modelo de Gestión Integrada del Capital Humano del Dr. C. Armando Cuesta Santos y de Cartaya, soportado en la familia de normas NC 3000:2007, un enfoque que sitúa a las personas no como engranajes de una máquina, sino como portadoras de una capacidad productiva incrementada por la ética y los valores.
Bajo esta lógica, la capacitación se convierte en una “tecnología de formación-investigación-acción”. Esto significa que el aprendizaje no es un fin en sí mismo, sino una variable que transforma el quehacer diario de los directivos y especialistas. La propuesta se estructura en fases clásicas pero rigurosas: diagnóstico participativo (con entrevistas y grupos focales), diseño curricular modular y, finalmente, una validación que permite ajustar el tiro antes del despliegue total.
De las aulas virtuales a las finanzas personales
Pero, ¿en qué se capacita exactamente el equipo de un proyecto que asesora a otros? La estrategia contempla líneas de formación que abarcan desde lo más profundo y técnico hasta lo más humano.
Por un lado, están los módulos técnicos: actualización constante en el marco legal cubano (que se encuentra en continua evolución), herramientas de análisis financiero, y el dominio del ERP SCENIUS, un software de gestión que permite integrar todos los servicios del proyecto. Por otro, se ha priorizado la innovación y la sostenibilidad, con módulos sobre economía circular y transición energética y ecológica, áreas y disciplinas que comienzan a ser vitales para los nuevos actores económicos en la isla.
La metodología también se renueva. Se apuesta por el “aprender haciendo”: talleres prácticos, estudio de casos reales de emprendimientos que han pasado por el 999+ y simulaciones. La idea es que el conocimiento no se quede en el individuo, sino que se gestione y comparta. Para ello, se propone la creación de un Observatorio de Conocimiento, un repositorio interno de casos de éxito, plantillas de proyectos y lecciones aprendidas que rompa la dependencia de “expertos individuales” y fortalezca la resiliencia del proyecto ante la movilidad de su personal.
Curiosamente, esta filosofía de capacitación ya ha trascendido las puertas de la oficina. Durante el verano de 2025, el PDL 999+ ofertó talleres gratuitos para adolescentes y jóvenes de la comunidad. Allí, especialistas del proyecto impartieron desde cursos de finanzas personales hasta orientación jurídica para nuevos negocios, demostrando que la formación es un valor que, cuando se cultiva internamente, termina irrigando a todo el tejido social.
El impacto se mide (y se siente)
La estrategia no se conforma con la satisfacción de los alumnos. Sus creadoras han diseñado un sistema de evaluación de impacto que medirá, a 3 y 6 meses de cada capacitación, si realmente ha mejorado la calidad de los documentos que entregan a los clientes, si se ha reducido el tiempo de elaboración de los estudios, y si ha aumentado la tasa de aprobación de los proyectos que gestionan.
En un país donde la gestión del conocimiento organizacional debe potenciarse, el PDL 999+ apuesta por institucionalizar la mejora continua. La idea es que la formación no sea un evento aislado, sino un plan permanente, con actualizaciones semestrales y la figura del “capacitador interno” como pieza clave para que el conocimiento se quede en casa. El capacitador es el catalizador de la innovación y facilitador de los procesos de cambio al interior del PDL 999+.
Más que un servicio, un referente
El objetivo final es ambicioso pero necesario: convertir al PDL 999+ en un hub de conocimiento especializado en desarrollo local en la Habana Vieja. En un momento donde la economía cubana busca afianzar el papel de los municipios y actores locales como motores de desarrollo, contar con un equipo que no solo sabe, sino que sabe enseñar a hacer, marca la diferencia.
La estrategia integral de capacitación del 999+ es, en esencia, una declaración de principios: la sostenibilidad de un proyecto no depende solo de sus ingresos o su cartera de clientes, sino de la capacidad de su equipo para adaptarse, innovar y, sobre todo, para multiplicar el conocimiento en un entorno que cambia a diario. Porque en Cuba, como en el emprendimiento, el mejor servicio se construye desde dentro.
Mayte Rodríguez Baéz (1), Heidy A. Bacallao Rubio (1) y Vivian Isabel Antúnez Saiz (2).
1 Proyecto de Desarrollo Local 999+
2 Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de La Habana


