Cuba en 2025: resiliencia en tiempos de crisis — balance de fin de año

La combinación de crisis económica, escasez energética y dificultades alimentarias exige respuestas urgentes y sostenidas.

Cuba cerró 2025 atravesando uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Sin embargo, en medio de la contracción económica, los apagones prolongados y las dificultades para garantizar el suministro de alimentos, la isla volvió a mostrar una característica que la define desde hace décadas: la capacidad de resistir, adaptarse y sostener su tejido social frente a la adversidad.

Una economía bajo presión

El propio gobierno cubano reconoció que la economía continuó en terreno negativo. Datos oficiales publicados a lo largo del año confirmaron que el país volvió a registrar una contracción, lo que refleja problemas estructurales persistentes y una grave falta de divisas. Las autoridades admitieron que los ingresos actuales no alcanzan para cubrir necesidades esenciales como la importación de combustible, alimentos y piezas de repuesto para una infraestructura envejecida.

A esta realidad se sumó el débil desempeño de los sectores clave. La producción agrícola e industrial siguió cayendo, mientras el turismo —históricamente una de las principales fuentes de ingresos externos— no logró recuperar los niveles previos a la pandemia. Aunque se proyectó un crecimiento modesto del Producto Interno Bruto, este resultó insuficiente para revertir el deterioro acumulado.

No obstante, el discurso oficial insistió en la necesidad de estabilizar la economía sin desmontar los pilares del modelo social. Durante las sesiones de la Asamblea Nacional, el Ministerio de Economía y Planificación reiteró como prioridades el aumento de la producción nacional, la captación de divisas y la protección de los programas sociales.

Inflación y la vida cotidiana

La inflación siguió marcando el ritmo de la vida diaria. A inicios de 2025, los precios mostraron aumentos sostenidos que erosionaron el poder adquisitivo de los salarios y las pensiones. El economista cubano Pedro Monreal advirtió que la inflación “ha venido creciendo durante varios meses consecutivos”, lo que es una señal clara de tensiones profundas en la economía interna.

El impacto fue especialmente duro en los alimentos. Los precios elevados, combinados con una oferta irregular, obligaron a muchas familias a reorganizar sus presupuestos y recurrir a redes informales de apoyo. Aunque el Estado mantuvo subsidios y programas de distribución, el acceso a productos básicos siguió siendo desigual.

Energía: apagones como síntoma estructural

Si hubo un tema omnipresente en 2025, fue la crisis energética. Los apagones prolongados se convirtieron en parte de la rutina diaria en muchas provincias, lo que evidencia el deterioro del sistema eléctrico y la escasez de combustible. En algunos territorios, los cortes superaron las 20 horas diarias.

Las consecuencias fueron profundas. La falta de electricidad paralizó las industrias, afectó la cosecha de alimentos y redujo aún más la productividad. El turismo, ya debilitado, sufrió un nuevo golpe en ciudades y polos turísticos con servicios intermitentes. Medios internacionales describieron la situación como un escenario que “ha puesto a prueba la paciencia de una población agotada”.

La dependencia de las importaciones de combustible expuso a Cuba a factores externos difíciles de controlar. Las tensiones geopolíticas y las sanciones, incluida la incautación de buques petroleros con destino a la isla, añadieron incertidumbre a un suministro ya frágil.

Alimentos y seguridad alimentaria

La escasez de alimentos siguió siendo uno de los mayores desafíos del año. La caída sostenida de la producción agrícola obligó a Cuba a depender cada vez más de las importaciones para satisfacer la demanda básica. Sin embargo, la escasez de divisas y las dificultades logísticas limitaron el alcance de esas compras.

Los alimentos fueron uno de los principales motores de la inflación, lo que profundizó las desigualdades. Aunque Cuba continúa importando productos alimenticios de diversos países —incluido Estados Unidos, en el marco legal vigente—, muchas comunidades experimentaron una disponibilidad irregular y precios fuera del alcance de amplios sectores de la población.

Presiones externas y cohesión social

En el plano internacional, Cuba volvió a ser objeto de debate. La Asamblea General de la ONU condenó nuevamente el embargo estadounidense, señalándolo como un obstáculo significativo para el desarrollo económico del país. Un relator de Naciones Unidas afirmó que las sanciones “asfixian el tejido social de la sociedad cubana”, una valoración que encontró eco dentro y fuera de la isla.

En el ámbito interno, diversas voces reclamaron cambios. La Iglesia católica cubana, por ejemplo, hizo un llamado público a emprender reformas profundas, advirtiendo que “no podemos seguir por este camino” si se quiere preservar la esperanza colectiva.

Resiliencia social y horizonte futuro

Pese a las dificultades, la sociedad cubana mostró una notable capacidad de resistencia. Las redes comunitarias, la solidaridad entre vecinos y la creatividad cotidiana permitieron amortiguar, al menos en parte, el impacto de la crisis. La cultura, la educación y la organización barrial siguieron siendo espacios de cohesión y sentido colectivo.

En paralelo, el país avanzó —aunque lentamente— en su apuesta por las energías renovables. El objetivo de reducir la dependencia del petróleo importado y de aumentar la generación eléctrica a partir de fuentes limpias antes de 2030 representa una de las pocas señales claras de una transformación estructural a mediano plazo.

Un país en encrucijada

Al finalizar 2025, Cuba se encuentra ante una encrucijada histórica. La combinación de crisis económica, escasez energética y dificultades alimentarias exige respuestas urgentes y sostenidas. Al mismo tiempo, la persistencia de su tejido social, la planificación estatal y la búsqueda de alternativas energéticas ofrecen una base para pensar en una recuperación gradual.

Cuba cierra el año golpeada, pero no derrotada. Su mayor activo sigue siendo su gente: una sociedad que, incluso en condiciones extremas, continúa apostando por la dignidad, la solidaridad y la posibilidad de un futuro distinto.

Las fuentes utilizadas para este artículo incluyen: Reuters, Prensa Latina, Al Jazeera, el Centro de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Cuba Headlines, Ciber Cuba y Courthouse News.
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