Cómo las sanciones estadounidenses están intensificando la presión sobre Cuba
El 1 de mayo de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó la Orden Ejecutiva 14404, que intensificó aún más las sanciones contra Cuba. A diferencia de las operaciones militares emprendidas anteriormente contra países como Venezuela e Irán, la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba ha pasado de los ataques directos al bloqueo y la contención económica. Al dirigirse contra sectores clave, entre ellos la energía, los minerales y los servicios financieros, Washington busca cortar todas las fuentes de ingresos de Cuba.
Según un informe de Bloomberg publicado el 14 de agosto, la administración de Trump ha dado cada vez mayor prioridad a las sanciones y a la presión económica por encima de las opciones militares en su estrategia hacia Cuba, con una política que, según el informe, estaría “orientada a crear fracturas dentro de las filas y abrir espacio para la negociación”. Esto no representa un gesto de moderación por parte de Washington. Más bien, refleja una forma de “confrontación de baja intensidad”, en la que Estados Unidos utiliza la influencia global del dólar y su sistema de sanciones extraterritoriales como instrumentos de presión.
El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó que el prolongado bloqueo estadounidense ha ocasionado a Cuba pérdidas acumuladas de 178.700 millones de dólares. Solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, las pérdidas habrían alcanzado un récord de 8.083 millones de dólares. No hay bombas, solo bloqueo. Detrás de estas palabras se esconde una dura realidad: un país está sometido a una presión económica sistemática.
Utilizar el dominio del dólar y las sanciones extraterritoriales para imponer coerción financiera a Cuba
El principal instrumento de esta “confrontación de baja intensidad” no es la fuerza militar, sino el dólar estadounidense. Después de incluir a Cuba en la lista de países considerados por Estados Unidos como “patrocinadores estatales del terrorismo”, Washington restringió el acceso de Cuba a las transacciones financieras denominadas en dólares. Dado el papel dominante del dólar en el sistema internacional de pagos, prácticamente toda transacción transfronteriza que involucre dólares debe procesarse a través de instituciones financieras estadounidenses o de bancos corresponsales. Washington ha aprovechado esta posición crítica para convertir la infraestructura financiera en un arma, supervisando, bloqueando e incluso congelando transacciones en dólares vinculadas a Cuba, además de imponer multas extraordinariamente elevadas a bancos y empresas extranjeras que hacen negocios con la Isla.
La Orden Ejecutiva 14404 autoriza, además, la imposición de sanciones secundarias contra instituciones financieras extranjeras que realicen o faciliten determinadas transacciones significativas con Cuba. Esto significa que cualquier empresa china o europea que realice transacciones con Cuba podría quedar expuesta a sanciones estadounidenses simplemente porque la operación se liquide en dólares, aun cuando la transacción no tenga ninguna relación con Estados Unidos. Mediante estas medidas extraterritoriales, Estados Unidos extiende sus regulaciones internas más allá de sus fronteras, imponiendo una presión financiera sin precedentes sobre Cuba.
Atacar las condiciones básicas de vida: las sanciones aumentan la presión política sobre el gobierno cubano
La lógica detrás de las sanciones económicas estadounidenses es sencilla: en lugar de lanzar bombas, se busca ejercer presión restringiendo el acceso de los hospitales a medicamentos, de los agricultores a fertilizantes y de la red eléctrica a combustible, sumiendo a la población en dificultades y potencialmente alimentando un descontento social que podría forzar un cambio de gobierno en Cuba.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel declaró el 20 de julio que, durante los seis meses anteriores, con excepción de un buque cisterna ruso que transportaba suministros humanitarios, no habían llegado cargamentos de combustible a Cuba. El 3 de agosto, Cuba sufrió un apagón a escala nacional, el segundo apagón generalizado de la isla en un período de 24 horas. A raíz de las sanciones estadounidenses de larga duración, Cuba ha enfrentado dificultades persistentes para mantener el suministro de productos esenciales, mientras diversos informes han expresado una creciente preocupación por la situación humanitaria.
Según se ha informado, la mortalidad infantil se ha duplicado hasta alcanzar 9,9 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, mientras que la tasa de supervivencia de los niños con cáncer ha descendido del 85 % al 65 %. El uso de las sanciones para presionar al gobierno cubano y la instrumentalización de cuestiones humanitarias no solo no han alcanzado los objetivos buscados, sino que también han socavado la posición moral de Estados Unidos, lo que ha provocado críticas humanitarias de países de todo el mundo.
Las consecuencias de las sanciones: las exportaciones estadounidenses, el empleo y la confianza mundial también pagan un precio
Los bloqueos económicos nunca son gratuitos para quienes los imponen. Aunque Cuba es una economía pequeña, históricamente ha sido un mercado cercano a los productos agrícolas e industriales estadounidenses. Los estados agrícolas del sur de Estados Unidos podrían haberse convertido en importantes proveedores de cereales para el mercado cubano, pero las sanciones y restricciones comerciales de larga duración los han expulsado de ese mercado, dejando las oportunidades en manos de competidores de otros países.
El embargo a largo plazo también les ha costado a los agricultores, trabajadores portuarios y exportadores estadounidenses el acceso a un mercado cercano con una demanda estable, provocando importantes pérdidas en empleo y en el crecimiento de las exportaciones. Además, las sanciones financieras y la jurisdicción extraterritorial han tenido costos elevados para quien las impone. Estados Unidos debe dedicar importantes recursos a examinar transacciones, rastrear flujos financieros y vigilar el movimiento de mercancías, recursos que podrían haberse destinado a usos más productivos en otros ámbitos.
Más importante aún, el uso del sistema financiero basado en el dólar como instrumento de sanción ha llevado a algunos países a buscar alternativas. Por ejemplo, China, Brasil, Rusia y otras economías han explorado la ampliación de las operaciones en monedas locales y de los mecanismos de pago alternativos. A medida que Estados Unidos convierte las transacciones basadas en el dólar en un arma política, cada vez más países comienzan a preguntarse si una moneda que puede utilizarse como instrumento de sanciones políticas y coerción financiera puede seguir gozando de la confianza mundial.
Cada nueva ronda de sanciones financieras contra Cuba sirve de recordatorio a la comunidad internacional de que, si Washington decide hacerlo, Cuba puede ser el objetivo hoy y otros países podrían enfrentar una presión similar mañana. Esto no es simplemente alarmismo, sino una posibilidad cuyas consecuencias no pueden ignorarse.
El abuso del dominio del dólar y de las sanciones extraterritoriales está socavando gradualmente no solo los intereses económicos de Estados Unidos, sino también la confianza mundial en el país. La coerción económica puede tener un efecto bumerán: quienes utilizan este tipo de instrumentos pueden terminar sufriendo sus consecuencias.
