El armagedón en Cuba, según Marco Rubio

Si Donald Trump es el “abusador del barrio”, Rubio es el encargado de fabricar las excusas que justifican su conducta.

“La situación empeorará mucho y colapsará, lo cual sería malo para nuestro país”, dijo a la cadena Fox el secretario de Estado Marco Rubio, refiriéndose a la situación cubana y su posible impacto en Estados Unidos.

“Por otro lado, la situación puede mejorar. Pero para que mejore, se necesitan reformas económicas sustanciales y profundas. Estas reformas son imposibles con quienes están al mando” y agregó que esas personas “han abierto las puertas a los adversarios de Estados Unidos, para que operen en territorio cubano, en contra de nuestros intereses nacionales con total impunidad”.

Más que el pronóstico de la muerte natural del sistema cubano, como Rubio pretende que sea, se trata del anuncio de un asesinato, dicho por alguien que lleva años con el dedo puesto en el gatillo. Si Donald Trump es el “abusador del barrio”, Rubio es el encargado de fabricar las excusas que justifican su conducta.

Como casi todos los políticos cubanoamericanos, Marco Rubio ha edificado su carrera en torno a Cuba y a la promesa de derrocar al gobierno. Heredero de los grupos contrarrevolucionarios que bajo el amparo de la CIA dieron forma a la maquinaria política miamense, su visión de este propósito es que sea alcanzado mediante la intervención de Estados Unidos, un objetivo mucho más cercano, al convertirse en el político de origen cubano más poderoso en la historia de Estados Unidos.

Aunque Trump lo humilló en las primarias de 2016, Marco Rubio terminó por subordinarse al magnate neoyorquino, quien le regaló la política hacia Cuba con tal de “mantenerlo contento”. Alrededor de Rubio se estructuró entonces un equipo de “expertos en el arte de hacer daño”, que revisó cualquier resquicio del bloqueo y elaboró, con precisión quirúrgica, las nuevas medidas encaminadas a estrangular a Cuba.

Sin base factual o científica que sustentara esta acusación, fueron los inventores de los supuestos “ataques sónicos” contra los funcionarios norteamericanos radicados en el país, lo que sirvió de pretexto para cerrar el consulado norteamericano en La Habana, paralizar los acuerdos migratorios existentes y revertir de forma absoluta la política de mejoramiento de las relaciones, llevada a cabo por la administración de Barack Obama. De nuevo, Cuba fue incluida en la lista de “países promotores del terrorismo” y se impusieron 200 nuevas sanciones contra la Isla.

Al tsunami trumpista se sumaron los efectos de la pandemia. Debido al bloqueo norteamericano, Cuba se vio precisada a fabricar sus propias vacunas y tensar el sistema de salud, hasta agotar sus reservas económicas. Como Joe Biden también apostó por la debacle, Marco Rubio asumió el cargo de secretario de Estado en el segundo mandato de Donald Trump, con la misión de “terminar el trabajo”.

¿Qué aporta Marco Rubio a la administración de Donald Trump?

Rubio cuenta con el apoyo de algunos de los más grandes donantes del partido republicano, entre ellos el lobby sionista y los productores de armas, un atributo particularmente apreciado por el presidente. También es un actor relevante en la maquinaria política del estado de la Florida, convertido en un puesto de mando del movimiento MAGA, base electoral del trumpismo.

Además, su paso por el comité de inteligencia del Senado aporta conocimientos y contactos en el área de la política exterior e incorpora un grado de elaboración al discurso internacional de un gobierno caracterizado por la impericia de sus principales funcionarios.

Pero, sobre todo, Rubio aporta sus vínculos con la derecha latinoamericana, un ingrediente básico para articular la visión monroísta que caracteriza la política del actual gobierno norteamericano hacia América Latina y el Caribe. Más que la fuerza moderadora que algunos esperaban fuese en el gabinete, Marco Rubio ha sido el instigador de una política intervencionista, solo comparable con la desarrollada por Estados Unidos a principios del siglo XX en la región.

Esta postura ahora se revitaliza condicionada por el deterioro de la hegemonía norteamericana en el mundo. El lema “Make America Great Again” lo inventó Ronald Reagan, pero Trump lo hizo tema central de su identidad política y ello lo conectó con una realidad cuyos efectos ya eran percibidos por buena parte del electorado estadounidense. El éxito de su carrera se ha basado en vender la imagen de que es la única persona capaz de revertir esta situación.

Marco Rubio ha comprendido a cabalidad los instintos del presidente y se ha convertido en un apóstol de la consigna de “la paz mediante la fuerza”, especialmente cuando se trata de América Latina y el Caribe. En ello radica el peligro extraordinario que reviste para Cuba la actual política norteamericana y, por razones distintas, los precedentes de Venezuela e Irán incrementan este riesgo.

Venezuela, porque el éxito de la operación contra Maduro envalentonó a Donald Trump y fortaleció la posición de Rubio, lo que puede inducirlos a intentar la misma aventura en Cuba. En el caso de Irán, es lo contrario: para un hombre que necesita el reconocimiento de su superioridad, el fracaso en Irán puede llevar a Trump a buscar un “premio de consuelo” con Cuba.

A Donald Trump solo le interesan intereses personales para llevar a cabo una operación de este tipo; ni consideraciones estratégicas, legales o morales funcionan con este presidente, pero Marco Rubio, aunque comparte el mismo ADN intervencionista, es muy probable que piense distinto y ello está marcando, hasta ahora, la política contra Cuba.

Rubio sabe que no bastaría con estacionar un portaaviones frente al Malecón habanero, como dice Trump, para asustar a los cubanos. La resistencia sería enérgica e incluso, derrotada, no habría gloria para Estados Unidos en una guerra tan asimétrica e injustificada. Más bien, aumentaría el mito de la grandeza de la Revolución cubana y de la repercusión de su ejemplo, un legado insoportable para la extrema derecha cubanoamericana.

A lo que aspira Marco Rubio es a desprestigiar el proceso revolucionario cubano para que nadie intente repetirlo, por eso apuesta por apretar la tuerca del bloqueo hasta asfixiar la economía cubana y vender el relato de que el “colapso” no sería culpa de Estados Unidos, sino de la propia naturaleza del comunismo y la incompetencia de los gobernantes cubanos.

Políticos y analistas se rompen la cabeza tratando de descifrar los mensajes de Donald Trump y Marco Rubio sobre Cuba, pero los cubanos conocen bien esta estrategia, es la misma que aplicó el capitán general español Valeriano Weyler, cuando trató de matarlos de hambre, para que no pudieran apoyar a las huestes independentistas, a fines del siglo XIX. Entonces también hubo que resistir en solitario y no fueron pocos los que actuaron en contra de su propio pueblo.

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