Cuba. ¿Estanflación desencadenada?

Por primera vez en lo que va de año, el aumento acumulado de los precios al consumidor en Cuba (7,18%) supera al acumulado en el mismo período de 2025 (6,56%). Combinado con el desplome del PIB, indicaría una estanflación incontenible.

La eventual caída del PIB en 2026, que, como mínimo, podría ser de 15%, se combinaría con un notable aumento de precios que no solamente derrumbaría la economía y destruiría el bienestar social, sino que entorpecería la política económica.

Si algo parece quedar claro al comenzar el quinto mes de 2026, es la absoluta irrelevancia del pregonado “Programa Económico Social del Gobierno 2026”. Pudiera engavetarse sin consecuencias prácticas alguna.

La situación podría ser peor porque el análisis de la inflación en Cuba debe partir de la discutible confiabilidad de su medición oficial. No pocos economistas consideramos que la estadística oficial subvalora la inflación.

Las causas del descalabro a corto plazo son de naturaleza geopolítica y se derivan del endurecimiento de las sanciones de EE. UU., que agravan las insuficiencias de un modelo económico disfuncional en Cuba.

Se observa en abril una moderación del índice oficial de precios al consumidor en Cuba respecto a los niveles de febrero y marzo, aunque el dato del incremento de abril fue mayor que el aumento en 10 de los 12 meses de 2025.

Normalmente, “alimentos y bebidas no alcohólicas” ha sido la división con mayor efecto mensual sobre los precios, mientras que el efecto del transporte ha sido menor. En febrero de 2026, el transporte tuvo un efecto muy alto, reflejando el impacto del “cerco petrolero” impuesto por EE. UU. a Cuba.

El impacto que tuvo en el índice general de precios el aumento de los precios del transporte se redujo en marzo y abril respecto a su extraordinario nivel de febrero, pero se mantuvo relativamente alto, ya que ha sido la división con los mayores aumentos mensuales de precios.

Cinco modalidades de transporte encabezaron los incrementos de precios en abril.

La división de “alimentos y bebidas alcohólicas” redujo, a partir de febrero de 2026, su peso relativo en el efecto sobre el aumento general de precios, pero se ha mantenido como la de mayor impacto, con un nivel superior a 47%.

Las variaciones de precios de los productos alimenticios reflejadas en el informe indican que en abril de 2026 se registraron incrementos mensuales de precios notables en alimentos producidos nacionalmente.

El “retraso” de salarios y pensiones respecto a la inflación funciona para el gobierno como herramienta antinflacionaria, con un inevitable efecto recesivo en la economía que profundiza la crisis y evidencia la infectividad de la política económica actual.

A estas alturas, el empobrecimiento masivo y la contracción del gasto presupuestario real (como % del PIB) resultan insuficientes como instrumentos antinflacionarios. Tampoco resulta viable el programa oficial actual en un contexto de alta penuria energética y de divisas.

Una eventual estabilización macroeconómica a corto plazo en Cuba —en la que la reducción de la inflación es un indicador clave— es inviable sin un rediseño del esquema de inserción internacional y eso pasa por una negociación con EE.UU.

Las condiciones geopolíticas en las que se ha forzado a operar un modelo económico agotado en el marco de una prolongada crisis estructural desplazan la posible solución macroeconómica a corto plazo del plano de la política económica al de la negociación política.

Nota: Enlace al informe de ONEI “Índice de precios al consumidor. Abril 2026” https://www.onei.gob.cu/sites/default/files/publicaciones/2026-05/ipc-abril-2026.pdf
Pedro Monreal es economista. Doctor en Ciencias Económicas, por la Universidad de La Habana. Fue investigador del Centro de Estudios sobre América. Tomado del Substack de Pedro. 
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