La economía circular en Cuba: Un legado histórico puesto a prueba en las condiciones actuales

Mientras el mundo entero debate sobre la urgencia de adoptar modelos de economía circular para salvar el planeta, en Cuba esta no es una moda pasajera ni una promesa de futuro. Es una historia de supervivencia, visión estratégica y, sobre todo, de coherencia con los principios fundacionales de su Revolución.

Mientras el mundo entero debate sobre la urgencia de adoptar modelos de economía circular para salvar el planeta, en Cuba esta no es una moda pasajera ni una promesa de futuro. Es una historia de supervivencia, visión estratégica y, sobre todo, de coherencia con los principios fundacionales de su Revolución.

El siguiente análisis rescata la memoria histórica de la gestión ambiental en la isla y lanza una premisa contundente: el país lleva décadas de ventaja en esta materia, aunque no siempre se haya llamado “economía circular”.

El Legado Verde de Fidel y el Che: Mucho más que un discurso

Mucho antes de que la crisis climática acaparara las portadas de los periódicos, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, ya había puesto el dedo en la llaga. En su histórico discurso en la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo en 1992, Fidel alertó sobre el peligro de extinguir las condiciones de vida del ser humano y abogó por un modelo de “menos lujos y menos despilfarro” en los países ricos para acabar con el hambre en el mundo. No era una postura romántica; era, como lo califica Antúnez en sus investigaciones, una “visión estratégica y ética”.

Pero la teoría pronto se convirtió en acción. El Che Guevara, como Ministro de Industrias, materializó esa visión de manera sorprendentemente temprana. El 7 de noviembre de 1961, con la Revolución apenas en su tercer año, Guevara firmó la creación de la industria del reciclaje en Cuba. El objetivo era claro y pragmático: aprovechar cada recurso disponible para sustituir importaciones y fortalecer la economía en un contexto de creciente hostilidad.

“Esto denota la alineación en el pensamiento de ambas figuras históricas”, subraya la investigación de Antúnez. “El Che no solo creó una industria, sino que también impulsó la participación de Cuba en la Organización Internacional de Normalización (ISO), sentando las bases para una gestión con estándares de calidad y ambientales desde la génesis misma del proceso revolucionario”. (Antúnez, 2026)

Innovar para sobrevivir: El bloqueo como catalizador forzoso

Si hay un factor que ha moldeado esta conciencia ecológica en Cuba, ese es el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos. La escasez crónica, lejos de paralizar al país, fomentó una cultura de la recuperación, la reparación y el ingenio. La reparación y recuperación de productos, a menudo una necesidad, se convirtió en una forma de vida.

Iniciativas como la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) son la prueba viviente de esta dinámica, donde aplican la innovación a cada uno de los procesos productivos y productos que por ejemplo se rompen en una línea de producción. A lo largo de décadas, trabajadores y expertos han aportado soluciones para alargar la vida de equipos, reutilizar materiales y optimizar procesos, contribuyendo directamente a la sustitución de importaciones. El pueblo cubano, por la circunstancia del bloqueo, siempre ha tenido un enfoque recursivo, es una mentalidad orientada a la prevención y al aprovechamiento integral, que hoy llamaríamos economía circular.

De la necesidad a la norma: Un ecosistema legal en evolución

Lejos de ser una práctica improvisada, esta cultura del aprovechamiento se ha visto respaldada por un marco legal e institucional en constante evolución. Desde la pionera Ley 81 de Medio Ambiente hasta la más reciente Ley 150 del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente (aprobada en 2023), Cuba ha tejido una robusta estructura jurídica que garantiza el derecho a un medio ambiente sano y el uso sostenible de los recursos.

En este entramado, los sistemas de gestión normalizados juegan un papel clave. La adopción de normas internacionales como la ISO 14001 (gestión ambiental) y la ISO 50001 (gestión energética) ha permitido a instituciones y empresas cubanas, sobre todo en sectores estratégicos como la construcción, la energía y los recursos hidráulicos, implementar prácticas más limpias y eficientes. El objetivo es claro: controlar los aspectos ambientales, reducir residuos y optimizar el consumo energético.

El presente: Institucionalizar la circularidad

Hoy, Cuba da un paso más. Consciente de que la experiencia acumulada debe convertirse en un modelo de gestión, el país ha adoptado recientemente las normas ISO 59000, el estándar internacional para la economía circular. Estas nuevas herramientas, que abordan desde la medición de la circularidad hasta la trazabilidad de los materiales reciclados, buscan formalizar y escalar esas prácticas que han estado presentes en el ADN nacional durante más de sesenta años.

El gran desafío ahora, según la investigación, es transformar este potente andamiaje legal y esta vasta experiencia en ventajas competitivas tangibles. Se trata de pasar de una “innovación por necesidad”, forjada en la adversidad, a una “innovación estratégica”, que integre plenamente las dimensiones ambiental, social y económica en la gestión empresarial y pública.

Cuba demuestra que la economía circular no es un lujo de ricos, sino una estrategia de desarrollo que puede emerger desde contextos de restricción extrema. El país tiene la oportunidad de posicionarse no solo como un alumno aplicado que adopta normas internacionales, sino como un referente ético y práctico de un modelo de dirección ecológico con profundo enfoque de sostenibilidad. La semilla se plantó en 1961; ahora, se trata de hacerla crecer y dar sus mejores frutos.

La otra cara de la moneda: Una crisis de residuos que urge revertir

No obstante, el notable legado histórico y normativo contrasta duramente con una realidad cotidiana reciente que los cubanos conocen bien: la crisis de los residuos sólidos urbanos. A pesar de la temprana industria del reciclaje impulsada por el Che y de un marco legal avanzado, en las calles de ciudades y poblados la imagen de contenedores desbordados, microvertederos improvisados en solares yermos y la quema de basura a cielo abierto se ha convertido en un paisaje habitual.

El potencial de reutilizar y reciclar, aquella máxima de los primeros años de la Revolución, parece haberse extraviado y una causa es la falta de recursos y métodos para su gestión efectiva. La crisis energética y el deterioro de la infraestructura de recolección han agravado el problema, convirtiendo la basura en un síntoma visible que hay que revertir con métodos innovadore sy con una gestión de proyectos efectiva.

Soluciones desde el nivel de base: Cuando el barrio toma la iniciativa

Han comenzado a emerger respuestas innovadoras desde la propia comunidad, demostrando que la gestión de residuos sólidos urbanos, puede convertirse en un motor de desarrollo local. El caso más emblemático es el Proyecto de Desarrollo Local “El Batazo”, en el populoso Consejo Popular Los Sitios de Centro Habana. Con asesoría del CITMA y financiamiento del Fondo Nacional de Medio Ambiente, esta iniciativa ha demostrado que es posible atacar el problema de raíz. Su modelo se basa en un enfoque integral que combina la recogida puerta a puerta, la separación en la fuente y lo más importante un punto de compra de materiales reciclables. De esta forma, lo que antes era basura que obstruía las calles —cartón, plástico, metal, vidrio— se convierte en materia prima que se comercializa con la industria, cerrando un ciclo productivo y generando ingresos. (Márquez, 2025)

Apuntes conclusivos a debate

Cuba se encuentra ante una oportunidad histórica única: convertir sesenta años de innovación forzada por la escasez, en su principal ventaja competitiva para el siglo XXI. Mientras las economías desarrolladas invierten millones en aprender lo que los cubanos practican por necesidad —reutilizar, reparar y optimizar cada recurso—, la Isla tiene la posibilidad de pasar de ser víctima del bloqueo a referente global de resiliencia circular. El desafío ya no es demostrar que sabe sobrevivir con poco, sino capitalizar ese saber para transformar los desechos sólidos en materias que conduzcan al desarrollo, convertirlos en oportunidades y la experiencia comunitaria en un modelo de gestión escalable. La economía circular no es para Cuba una teoría de moda que viene de fuera; es un ADN forjado en la adversidad que, por primera vez, tiene la oportunidad de institucionalizarse como motor económico. El mundo desarrollado busca desesperadamente cómo ser más sostenible; Cuba podría enseñarle cómo serlo desde la necesidad.

Referencias bibliográficas:

Antúnez Saiz V (2026) Bases de un modelo de dirección estratégica y ecológico con enfoque de sostenibilidad. Investigación en curso por el Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de la Habana.

Márquez S (2025) Los Sitios: un barrio que transforma sus residuos en oportunidades. Revista Juventud Técnica. Disponible en: https://www.juventudtecnica.cu/articulos/los-sitios-un-barrio-que-transforma-sus-residuos-en-oportunidades/

Vivian Isabel Antúnez Saiz, Profesora Titular del Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de La Habana.
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