¡Comenzó diciembre!

Nada más socorrido que un año tras otro. En breve, comenzarán las felicitaciones y buenos augurios despidiendo el 2022, que ya pudiera clasificar como uno de los años más difíciles de los últimos tiempos porque motivos sobran. Y cuidado no sea el más crítico en la historia revolucionaria.

Las dos últimas elecciones o esas llamadas a que el ciudadano haga uso de una urna y vote a favor de una cosa o de la otra han dado una clara señal de inconformidad o apatía que no debe pasar por alto para las autoridades políticas y económicas del país.

Demasiados problemas y dificultades unidos para crear un malestar con signos de politizarse. Todos lo sabemos y no se pueden enmascarar a la modalidad del avestruz. Causas internas y externas sin fecha de caducidad estas últimas que no son necesarias mencionar porque se conocen hasta el cansancio.

Hay que salir a la calle, caminarla, conversar con todos y hasta con los vagos que florecen en cada esquina, además de esos ancianos vendedores de cucuruchos de maní, para recopilar decenas de preguntas que se hace la gente. Entre ellas, una que no falta: ¿En qué gaveta estará guardada esa sentencia del líder en cambiar todo lo que debe ser cambiado?

Una consigna, por pensada y elaborada, no podrá mejorar la situación porque son los resultados quienes dirán la última palabra de hacia dónde vamos en este venidero 2023.

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